Susana
Cortez Hernández
La
estructura dramática es definida en el libro Manual de teoría y práctica Teatral como “una serie de sucesos
relacionados con arreglo a una lógica y necesidad determinada, donde los
personajes viven en un lugar y un tiempo que dará un sentido específico a todos
los diversos elementos que intervienen en ella” (de Santos, 46); es, entonces, un
modelo organizado que obliga a percibirse como una historia, una obra.
Esta
estructura estará presente en cualquiera de los géneros. Sabemos que la estructura
consta de un planteamiento, nudo y desenlace. En ésta estructura irán
apareciendo situaciones que serán manifestadas por varios personajes, hilando
la línea conductora de principio a fin de la obra, aunque ésta línea recaerá
sobre los personajes principales.
El
tipo de personaje del que voy a hablarte es el protagonista, en él recae la
atención durante toda la historia, en él se genera una transformación interna al enfrentar el conflicto de la
obra dramática, que dependerá del
género en el que esté inmerso el personaje.
En
el cuadro de abajo el se buscó ejemplificar cómo en la tragedia, la comedia y
el melodrama, el protagonista va recorriendo cada sección de la estructura
dramática hasta llegar al desenlace, donde ocurre un cambio en su acción y
código moral.
En
la comedia el protagonista pasa “de una condición adversa a una condición
próspera” (Baulteatro.com, 2016), el personaje mismo culmina en un gozo, sin
importar que se transgredan los códigos morales de su realidad.
En
el melodrama, la estructura interna y moral del protagonista no se modifica, aún
cuando se haya resuelto el
conflicto; incluso su código moral se refuerza; pese a las adversidades que se
le presentaron, puede llegar a ser visto como un héroe o triunfador. Es por
ello que ambas flechas permanecen en línea recta de principio a fin en la
estructura dramática.
Por
último, en la tragedia bien se sabe que la meta es la fatalidad; el forcejeo de
ir en contra del destino es insensato, el protagonista es quien experimenta el
hecho funesto en el desenlace, por lo que se suscita un caída fatídica que no
puede remediar. Esta catársis del personaje obliga a su código moral a responder
como fuerza contrapuesta, elevándose, siendo él ejemplo o muestra de lo que
sucede si se corrompe tal código moral.
Bibliografía
BAULTEATRO., (2016)
Diccionario. [Consultado el 1 de Junio del 2016] en http://www.baulteatro.com/index.php?option=com_content&view=article&id=307&Itemid=266
DE SANTOS, J.,(2007)
Manual de teoría y práctica Teatral. Madrid. Castalia.

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