jueves, 4 de mayo de 2017

En Palabras de Olga

LA FELICIDAD

“Puede que lo que hacemos no traiga siempre la felicidad,
pero si no hacemos nada, no habrá felicidad”
-Albert Camus

En teoría, la felicidad es el sentimiento de autorrealización y el cumplimiento de nuestros deseos y aspiraciones. No obstante, para ser felices a veces no es necesaria ninguna condición previa; existen personas que siempre están felices y que se sienten a gusto con la vida y con aquello que les fue otorgado en gracia, y personas que, pese a que tienen todas las condiciones para estar bien, se sienten profundamente infelices.

Para la psicología, la felicidad es un estado emocional positivo que los individuos alcanzan cuando han satisfecho sus deseos y cumplido sus objetivos. La felicidad, como tal, viene medida por la capacidad que hay en cada persona de dar soluciones a los variados aspectos que conforman su vida cotidiana. En este sentido, las personas que tengan cubiertos estos aspectos deberían ser más felices; sentirse
autorrealizadas y plenas.

Sin embargo, para Sigmund Freud la felicidad es algo utópico, pues considera que, para que sea posible, no podría depender del mundo real, donde los individuos están expuestos constantemente a experiencias desagradables, como el fracaso y la frustración, y, en este sentido, sostiene que a lo máximo que podría aspirar un ser humano es a una felicidad parcial.

Los estoicos, en cambio, consideraban que la felicidad se alcanzaba dominando las pasiones y prescindiendo de las comodidades que impiden la aceptación de una existencia determinada. Mientras, para Leibniz, defensor de la tesis racionalista, la felicidad es la adecuación de la voluntad humana a la realidad.

Por su lado, filósofos chinos como Lao Tzu, apuntaban que la felicidad se podía lograr teniendo como modelo la naturaleza, mientras que Confucio era de la opinión de que la felicidad venía dada por la armonía entre las personas.

Las religiones teístas suelen coincidir en que la felicidad es un estado de paz que sólo se alcanza en la comunión con Dios. Los budistas, por su parte, afirman que la felicidad únicamente se consigue a través de la liberación del sufrimiento y la superación del deseo, a lo cual se accede mediante el entrenamiento mental.

En mi criterio, la felicidad no es un gran acontecimiento, sino la conjunción de distintas cosas y no siempre se presenta de una forma ruidosa y llamativa. Es muy común dejarnos engañar por las apariencias o los materialismos y pensar que el tener mucho dinero, casas, coches, viajes, joyas, un puesto de trabajo bien pagado y demás cosas nos da la felicidad; error, abre los ojos y echa por tierra estos pensamientos.

No te enfoques tanto en corregir tus debilidades para ser felíz, porque la autenticidad de este sentimiento es diferente para cada persona; además, para lograr la felicidad intervienen las fortalezas que cada quien posee, y la forma en que cada persona las cuida y utiliza día a día.

Existen 24 fortalezas: Curiosidad o interés por el mundo, amor por el conocimiento, mentalidad abierta y pensamiento crítico, ingenio, perspicacia e inteligencia práctica, inteligencia social, personal y emocional; perspectiva, valentía, perseverancia, honestidad, generosidad, disposición para dar y recibir amor, civismo, equidad, liderazgo, autocontrol, discreción, humildad, disfrute de la belleza y la excelencia, gratitud, esperanza, espiritualidad, perdón, sentido del humor y entusiasmo.

Si logras emplear diariamente estas fortalezas, o quizás algunas, seguramente alcanzarás la felicidad auténtica, independientemente del nivel determinado que cada persona tenga de este concepto. Lo importante es tratar de vivir en los límites más elevados, pero sobre todo elevar ese rango de felicidad para uno mismo y no para compararla con la de los demás.

Para poder alcanzar la felicidad genuina es necesario primero identificarla y no confundirla con el placer que nos da el realizar ciertos actos en donde las emociones que se experimentan son efímeras y no involucran tanto al pensamiento. La práctica, en cambio, de tus fortalezas y virtudes, dan una satisfacción emocional mucho más profunda, duran más que los placeres; hay de por medio un pensamiento y no tan fácilmente se convierten en un hábito, por ejemplo: El ayudar a los demás, leer un libro, disfrutar de un paseo o una conversación, etc.

Lo que debes hacer con tus emociones pasadas para alcanzar la felicidad:

- Erradicar aquellas que bloquean tu satisfacción.

- Entender que el pasado no determinará tu futuro.

- Agradecer enormemente lo bueno que te ocurrió.

- Retomar el control de tu vida con el perdón.

En cuanto a todas aquellas emociones que van a determinar el grado de felicidad que tengas en un futuro, dales una atención especial y comprueba su veracidad, no te dejes llevar por prejuicios y ten esperanza. Para el presente, evita acostumbrarte a obtener satisfacciones inmediatas pero efímeras y desarrolla al máximo tus fortalezas.

Olga Donna-Dío

Propósitos de Año Nuevo (para un actor de doblaje)


 Susana Cortés


Iniciar el año siempre es un momento de celebración, de agradecimientos y lo que muchos solemos hacer es fijarnos metas, propósitos a cumplir a lo largo de los trescientos sesenta y cinco días que vienen. El más popular de todos los propósitos, por ejemplo, es bajar de peso, consolidar algún proyecto personal, estudios, trabajo, etc. ¿Y por qué no fijarnos propósitos que atañan a la profesión a la que decidimos por voluntad propia dedicarnos: el doblaje?

Por parte de nuestros maestros, en Art Studio han hecho hincapié en la importancia de que un actor nunca deje de aprender y prepararse; es por ello que les propongo una lista de  propósitos que tienen el único objetivo de que los asumas  como parte de tu vida actoral.

1.  Lee en voz alta. Puedes tomar cualquier texto, lo importante es que pongas en práctica la comprensión de lectura, el ritmo, la velocidad y la dicción.

2.  Experimenta y juega con tu voz. Si ya cursaste Recursos Expresivos, es justo y necesario que uses las herramientas ahí aprendidas para comenzar a generar propuestas. La boca, los labios, los músculos de tu cara, tu voz… tu cuerpo es un resonador; permítete experimentar con el.

3.  Evita consumir lácteos; te generan mucosidad y sientes esa “flema” incómoda cuando hablas o cantas.

4.  Has ejercicios de respiración diafragmática. Si ya cursaste la materia, desempolva tu libro y ejercita.

5.  Observa lo que hay tu alrededor. Si vas en el transporte público, en el trabajo o en la escuela, observa lo que hay a tu alrededor: mira las texturas, los colores, descifra la situación de alguna persona, ¿cómo está?, ¿qué observa?, ¿cómo viste?. Esto te ayudará a tener mayor capacidad de observación y concentración. En cabina te será de gran ayuda al observar la situación en la que está tu personaje, escuchando siempre las indicaciones de tu director.


6.  Es muy importante que te hidrates, le ayudara mucho a tu aparato fondador, a tu mente y a tu cuerpo en general.

Lamentos...

Der Carlos Nava Ortiz.

Abrir los ojos, que otro año se ha ido. Ahora se perderá en el mar y llegará a las profundidades del océano. Llegará hasta lo más profundo del mundo, sólo para volverse uno con el agua. Después, con el tiempo, se evaporará para regresar a nosotros como la lluvia incómoda del verano. Impredecible, bochornosa, a veces molesta, pero de una u otra forma refrescante.
Las paginas que soñamos, ahora son tinta en la vida de otros. Nuestro ser ahora es parte de un todo más grande, más hermoso. Comenzamos a ser constructores. Hoy levantamos castillos, creamos ejércitos, nos levantamos con fuerza y comenzamos a gritar al aire quiénes somos. Vivimos una vida de miles y millones en una. Navegamos entre las olas, para explorar los confines del espacio.

«Cargamos un frasco de vidrio para guardar sólo una estrella.»

En mi camino, he visto a cientos caer; perecer ante una lucha que no están dispuestos a librar. Vi a personas regodearse de sus atributos, sólo para después encontrarlos escondidos tras un pozo. He conocido soñadores escuálidos, débiles ante los ojos de unos cuantos, convertirse en grandes guerreros.

«Aventureros, eso es lo que son. Surcan los mares, escalan montañas y viven sólo por la aventura.»

Las gotas han comenzado a caer, la tormenta se aproxima. Lo que ayer fue un día soleado, hoy solo es el escenario para la inevitable guerra que se acerca.
—¡Sálvenlos!— Grita la gente. —¡Por favor! Es todo lo que nos queda. —Entre lágrimas el dolor se extiende en las venas de una madre.
Abrir los ojos, entre el polvo, entre la ceniza. Tiritando ante el sonido de los cañones. Aturdido por el miedo y el hambre. Unas temblorosas y sudadas manos salen de entre la tierra, solo para pedir misericordia. Suplican, suplican… suplican…
Entre murmullos se escucha aún una voz.
—Por favor, sigo vivo.
Mareado, cansado. Preso de su miedo y empapado en orina. Su cabeza busca el tacto del otro.
—Aún… puedo… hacer… más.
Una prisionera se escapa de su celda cuando nadie pone atención. Corre hacia la salida, irritada por la luz. Se escabulle entre un desértico paisaje, hasta tocar el suelo
—Sé, estoy segura…
Sólo bastó una para que las demás comenzaran a salir.
—Yo…, —entre lagrimas susurró —yo aún…
La fuerza ya no era suficiente para decirlo
—Yo aún puedo… —sus labios agrietados, deseosos de un espejismo, exhalaban polvo —YO… AÚN… PUEDO… HACER…
Sus brazos se apoyaron en el suelo. Limpió uno de sus ojos con su mano izquierda. La sangre se mezcló con el sudor y las lagrimas que aún brotaban de él.
¡AÚN PUEDO HACER MÁS!
Un silencio inundó el campo de batalla. Él se levantó viendo hacia el cielo y pudo observar cómo éste se iluminó de tajo. Cerca de él, un rayó cayó. Le dio a un árbol solitario, que ya contaba los días para ser parte de la arena. Comenzó a incendiarse.
La luz, el rugido que seguía al rayo, el calor del fuego. Sólo una idea en mente. “Puedo hacer más, mucho, mucho más…”
Y ahora, lo haré.

«Corre, el tiempo es una ilusión. Una que aceptamos para sentir que controlamos el mundo. Para sentir que el mundo nos pertenece. Corre y no pares, sigue hasta que sientas que las piernas ya no te respondan, y cuando pase eso, agáchate, pero sólo para que tu salto te haga llegar más lejos.»

Dolor, dolor, dolor. Una experiencia que consume un cuerpo. Una carga que sólo se vuelve más pesada con el paso de los años.

«Todo corazón porta una espina.»

Duele cada latir. Es un recordatorio de que tienes un pasado. Es la lluvia que no esperabas en tu día de campo. Esa espina eres tú, queriendo recordarte aquello que pensaste haber enterrado. Es el regalo que no quieres aceptar. El recuerdo de por qué haces lo que haces. La razón de quién eres y de lo que eres. Todas tus acciones, determinadas por eso que no quieres ver.
Una sombra que se genera por tu existencia.
¡ARRÁNQUELA! ¡QUÍTELA! ¡HÁGAME LIBRE! —un usuario le suplicó a su terapeuta.
—No. —contestó el terapeuta, viéndolo directamente a los ojos —Para empezar, porque no se puede; dos, no puedo hacerlo yo. Quien tiene que vivir consigo mismo eres tú. Ámate, creo que eso te puede ayudar, al menos a apaciguar un poco el dolor.
—Pero es que yo no la quiero… Tiene que hacer algo para quitarla.
El terapeuta guardó silencio. Tic, tac, el reloj sonaba. En esa sesión, era el único discurso que se llegó a escuchar: Tic, tac.


[El dolor, es un tema complicado de trabajar. Todos lo sentimos, todos tenemos algo que nos duele, que nos devora. A veces es más obvio, otras ocasiones es más discreto. Hasta cierto punto, muchas personas le tienen miedo, y no es por nada. Es algo que no queremos sentir, pero hay que reconocer que vivimos con él.
¿Una prueba a superar? No estoy seguro. A veces hay que sobreponernos a él y seguir luchando.
Quiero aclarar algo, por eso la corchea, no tenemos por qué pelear solos. Me queda claro que el mundo es un lugar hostil, que está lleno de personas que portan mascaras malévolas. Sé que es difícil, pero no todos son monstruos. La confianza es esencial en la vida, en las relaciones, en la batalla.]

«La confianza es un puente. Hay que cruzarlo con valor. Una mano, una sonrisa y una mirada. El mundo sí está cargado de odio, pero éste no puede existir si no hay amor. Si hay uno, está el otro. Esperanza.»


Editorial

Aureliano Castillo León

Hablar de esperanza en tiempos de guerra es difícil, más aún cuando la guerra es una que se libra de manera subrepticia, por debajo de la piel, en cada uno de nuestros poros. Conforme el siglo XXI avanza va revelándose como un siglo de conflictos internos en cada uno de los individuos: el qué dirán, el qué seré, el cuántos amigos tendré en facebook, el qué tan popular puedo ser, el cómo voy a hacer para vivir, y muchos otros cuestionamientos por el estilo se han covertido en ejes de una lucha interna que –mientras más empuja a los individuos a la oscuridad –más nos obliga a todos a luchar por la luz.

En el trabajo del actor, esta lucha se lleva a cabo en dos frentes, aparentemente muy distintos, pero de suyo completamente emparentados: la vida y la escena. En la vida, todo ator es el sobreviviente de una escición, de una división inexorable entre lo que es cómodo hacer y lo que el oficio te exige. En la escena, los conflictos personales de los personajes cobran vida sólo en la medida en que el actor es capaz de recoocer la escición misma en su vida y transformarla en la escición del personaje que encarna.

Es justo por eso que la esperanza es importante: sólo sabiendo que al final del tunel hay luz, que una vez que nos vayamos todos (hacia donde sea que tengamos que irnos) podremos volver todos juntos, en fin, sólo si somos capaces de vislumbrar la esperanza –por el medio que sea –seremos capaces de entender por qué es que vale tanto la pena librar esta batalla que es la vida del actor.


Espero que en este número, cuyo punto central es la esperanza, puedas encontrar un pequeño guijarro que te ayude a seguir pavimentando tu camino hacia la luz.

Lo que nunca debe olvidar el actor, II


Susana Cortés Hernández

En la edición pasada les comenté que como actores debemos aprender a percibir, escuchar y concentrarnos; esto no sólo apoya tu desempeño profesional, sino que permite trabajar armoniosamente con el equipo: técnicos, director, actores, etc. Ya habiendo retomado el tópico, aquí les presento otras nociones clave:

Disciplínate: La disciplina es una característica básica para cualquiera que aspire a ser un profesional. Trabaja tu cuerpo, tu voz, tu mente; ejercitándola aumentarás tus capacidades de desempeño actoral.

Arriésgate: Ponerse retos es una manera efectiva para aprender; dominarse por el miedo o preferir “lo seguro” sólo propiciará que te estanques y te pierdas la posibilidad de descubrir tus capacidades actorales.

Exprésate: di tus opiniones, tus inquietudes, permite que tu ser hable y se exprese, permítete ampliar tu conocimiento, comparte tu punto de vista, pero también permite que el otro se exprese.


Y, por último, algo breve pero no por eso menos importante. Aprende a recibir críticas para que éstas sean tu herramienta para pulirte como actor.