LA FELICIDAD
“Puede que lo que hacemos no traiga siempre la felicidad,
pero si no hacemos nada, no habrá felicidad”
-Albert Camus
En teoría, la felicidad es el sentimiento de autorrealización y el cumplimiento de nuestros deseos y aspiraciones. No obstante, para ser felices a veces no es necesaria ninguna condición previa; existen personas que siempre están felices y que se sienten a gusto con la vida y con aquello que les fue otorgado en gracia, y personas que, pese a que tienen todas las condiciones para estar bien, se sienten profundamente infelices.
Para la psicología, la felicidad es un estado emocional positivo que los individuos alcanzan cuando han satisfecho sus deseos y cumplido sus objetivos. La felicidad, como tal, viene medida por la capacidad que hay en cada persona de dar soluciones a los variados aspectos que conforman su vida cotidiana. En este sentido, las personas que tengan cubiertos estos aspectos deberían ser más felices; sentirse
autorrealizadas y plenas.
Sin embargo, para Sigmund Freud la felicidad es algo utópico, pues considera que, para que sea posible, no podría depender del mundo real, donde los individuos están expuestos constantemente a experiencias desagradables, como el fracaso y la frustración, y, en este sentido, sostiene que a lo máximo que podría aspirar un ser humano es a una felicidad parcial.
Los estoicos, en cambio, consideraban que la felicidad se alcanzaba dominando las pasiones y prescindiendo de las comodidades que impiden la aceptación de una existencia determinada. Mientras, para Leibniz, defensor de la tesis racionalista, la felicidad es la adecuación de la voluntad humana a la realidad.
Por su lado, filósofos chinos como Lao Tzu, apuntaban que la felicidad se podía lograr teniendo como modelo la naturaleza, mientras que Confucio era de la opinión de que la felicidad venía dada por la armonía entre las personas.
Las religiones teístas suelen coincidir en que la felicidad es un estado de paz que sólo se alcanza en la comunión con Dios. Los budistas, por su parte, afirman que la felicidad únicamente se consigue a través de la liberación del sufrimiento y la superación del deseo, a lo cual se accede mediante el entrenamiento mental.
En mi criterio, la felicidad no es un gran acontecimiento, sino la conjunción de distintas cosas y no siempre se presenta de una forma ruidosa y llamativa. Es muy común dejarnos engañar por las apariencias o los materialismos y pensar que el tener mucho dinero, casas, coches, viajes, joyas, un puesto de trabajo bien pagado y demás cosas nos da la felicidad; error, abre los ojos y echa por tierra estos pensamientos.
No te enfoques tanto en corregir tus debilidades para ser felíz, porque la autenticidad de este sentimiento es diferente para cada persona; además, para lograr la felicidad intervienen las fortalezas que cada quien posee, y la forma en que cada persona las cuida y utiliza día a día.
Existen 24 fortalezas: Curiosidad o interés por el mundo, amor por el conocimiento, mentalidad abierta y pensamiento crítico, ingenio, perspicacia e inteligencia práctica, inteligencia social, personal y emocional; perspectiva, valentía, perseverancia, honestidad, generosidad, disposición para dar y recibir amor, civismo, equidad, liderazgo, autocontrol, discreción, humildad, disfrute de la belleza y la excelencia, gratitud, esperanza, espiritualidad, perdón, sentido del humor y entusiasmo.
Si logras emplear diariamente estas fortalezas, o quizás algunas, seguramente alcanzarás la felicidad auténtica, independientemente del nivel determinado que cada persona tenga de este concepto. Lo importante es tratar de vivir en los límites más elevados, pero sobre todo elevar ese rango de felicidad para uno mismo y no para compararla con la de los demás.
Para poder alcanzar la felicidad genuina es necesario primero identificarla y no confundirla con el placer que nos da el realizar ciertos actos en donde las emociones que se experimentan son efímeras y no involucran tanto al pensamiento. La práctica, en cambio, de tus fortalezas y virtudes, dan una satisfacción emocional mucho más profunda, duran más que los placeres; hay de por medio un pensamiento y no tan fácilmente se convierten en un hábito, por ejemplo: El ayudar a los demás, leer un libro, disfrutar de un paseo o una conversación, etc.
Lo que debes hacer con tus emociones pasadas para alcanzar la felicidad:
- Erradicar aquellas que bloquean tu satisfacción.
- Entender que el pasado no determinará tu futuro.
- Agradecer enormemente lo bueno que te ocurrió.
- Retomar el control de tu vida con el perdón.
En cuanto a todas aquellas emociones que van a determinar el grado de felicidad que tengas en un futuro, dales una atención especial y comprueba su veracidad, no te dejes llevar por prejuicios y ten esperanza. Para el presente, evita acostumbrarte a obtener satisfacciones inmediatas pero efímeras y desarrolla al máximo tus fortalezas.
Olga Donna-Dío