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jueves, 4 de agosto de 2016

Percepción, ¿para qué?


Alejandra Ríos González

Tratando de pensar cómo iniciar este escrito, fue pura coincidencia el hecho de que algo me llamara la atención mientras viajaba en el transporte público: un chico como de unos 17 años con sus audífonos. Te preguntarás qué fue lo que me atrajo. Pues bien, este chico estaba llorando; algo poco común, pero esas lágrimas no eran de tristeza… ¿entonces?

El punto al cual quiero llegar es el siguiente: ¿cuánta capacidad tenemos para percibir lo que nos rodea? Para ver, escuchar, sentir, probar y oler. Todas las personas tenemos estos sentidos, pero unos están más desarrollados que otros.

En los números anteriores se ha tocado mencionado que “actuar se trata del otro” y el punto clave para cumplir esta tarea es desarrollar los sentidos, porque como actores es menester desarrollar al 100% nuestra capacidad de percibir.

El profesor Aureliano nos dijo una vez que “percibir es la capacidad de captar estímulos, y nos permite leer el entorno”,  además de que  nuestra experiencia de vida  influye  en cómo interpretamos  y reinterpretamos estos estímulos. 

Al desarrollar la percepción seremos capaces de entender   desde qué emoción  se vive  lo percibido, qué conducta evoca, a qué  se asocia y cómo se integra dentro del sistema  de conceptos  y creencias. Vergara lo explica de la siguiente manera:
“La percepción se nos presenta como un proceso dicotómico que integra el adentro y el afuera del cuerpo del actor. El adentro es el mundo de la sensorialidad del estudiante desde su propia conciencia y vivencias; y el afuera es lo social, lo no ficcional. Esto implica tres etapas de entrenamiento y de aprendizaje: 1) el mundo de la exploración personal-sensorial que conecta el cuerpo con las emociones, donde el uso de la memoria física y emotiva tienen un objetivo y una práctica diferente a la habitual; 2) un extenso trabajo de investigación en terreno, definiendo un ámbito concreto de la realidad, que se logra por medio de la inserción en el contexto de los individuos observados; 3) la dramaturgización y escenificación de éste” (2003)
Entonces tenemos mucha tarea que hacer en cuanto a percepción se refiere: conocernos a nosotros mismos y conocer nuestro entorno, para posteriormente hacer una mezcla de éstos y así lograr una de las herramientas necesarias para el análisis y la creación de un personaje.
Para finalizar, aquí abajo te dejo un pequeño ejercicio de percepción visual, sólo para que empieces con tu “entrenamiento”.
¿Cuál es la flecha más grande?


 






¿Acaso giran?




Referencia:
Vergara,A. “Percepción Actoral: formación inicial del actor en la Escuela de Teatro de la Pontificia Universidad Católica de Chile”. Poiésis, n. 21-22, p. 87-96, julio 2013.Consultado el 19 de junio de 2016 en: <http://www.poiesis.uff.br/PDF/poiesis21-22/dossie2-03-vergara.pdf>

En Palabras de Olga


LA SUERTE NO EXISTE

Después de sufrir un contratiempo, muchas personas piensan que tienen mala suerte. Pero la realidad es que la suerte no existe. Lo que hace a las personas “afortunadas”  es que toman iniciativas, utilizan su energía, su fuerza de voluntad, su espíritu de conquista; toman siempre un impulso hacia adelante, van en busca de hallazgos felices.

Por supuesto que existe el azar, la suerte en el juego y cosas similares. Sin embargo, cuando hablamos de éxito, de riqueza, de triunfo y de autorrealización, nada es por casualidad.
Las personas más exitosas de nuestra historia han sabido que crear nuestra vida es indispensable, mucho más que dejar que todo ocurra de forma “natural”. La realidad es que lo más natural es tender al crecimiento, adquirir aptitudes, ensanchar nuestros horizontes. Los avances recompensan nuestros esfuerzos y contrarrestan los reveses y las frustraciones.

Se dan situaciones a nivel existencial que sólo pueden ser explicadas a través del destino, de la creencia en Dios, del karma, etc.  Situaciones de vida o muerte, o donde la vida de una persona cambia totalmente, y donde realmente ninguna ley física, biológica, psicológica, etc.,  logra explicar qué sucede. Este tipo de situaciones sólo pueden ser explicadas de acuerdo a las creencias religiosas, existenciales o filosóficas de cada persona.

Sin embargo, a nivel de la vida diaria es diferente: ¿Te has dado cuenta de que las personas que tienen “buena suerte”  son positivas, alegres y seguras de sí mismas?  ¿Y de que las personas con “mala suerte” son negativas, depresivas, constantemente están enojadas o de mal humor y son desconfiadas? ¿Crees que es casualidad o piensas que son así como resultado de su suerte?

¡NO!  Es al revés. Su  “buena o mala suerte” es el resultado de su forma de ser.

Después de una gran cantidad de estudios, se ha demostrado que la “buena o mala suerte” que vivimos en nuestra vida diaria es el resultado de nuestra actitud ante la vida, nuestros pensamientos y nuestra conducta.

Generalmente, no estamos conscientes de dichos actos o de dichos pensamientos, por lo que seguimos repitiéndolos y seguimos culpando a la “mala suerte”.

Olga Donna-Dío

“Zip-Zap” Un forma lúdica de concentrarse


Susana Cortés Hernández

El sábado 18 de junio durante el seminario jugamos tres juegos en los que se ejemplificaban la mecánica del “foco” y cómo es aplicable a los géneros dramáticos. Al decir foco me refiero a guiar la atención del público; guía generada por el actor con un movimiento en escena para enfatizar o dirigir la atención del público hacia un hecho, objeto, personaje o hacia cualquier elemento presente en escena que quiera destacarse preservando la coherencia de la ficción.

El juego del que te quiero platicar, y por el cual padecí el “complejo de foca”, se llama zip-zap. Entre todos, mis compañeros y yo, formamos un “círculo”; las reglas básicas son dar un aplauso hacia la izquierda diciendo “zip” para que el compañero reciba ese impulso y lo mande al siguiente compañero que se encuentre a su izquierda, girando también el torso y regresando a su posición frontal lo más rápido posible pues podría recibir un “zap”, un aplauso que viene de frente. Este “zap” puede ser revocado usando, sólo una vez en todo el juego, un “toing”.

Éste juego fue un ejemplo de la dinámica y comunicación en la comedia, hay que estar perceptivos a cualquier estímulo externo y hacer foco a un ritmo rápido y fluido, como un trazo definido. Yo me lo imagino cómo una lectura de electrocardiograma: hay subidas y bajadas, unas más prominentes que otras, pero es la misma línea, no está interrumpida.
La  concentración es un factor importante para la capacidad de respuesta rápida por lo que, después de la sesión del seminario, recordé un fragmento del “Tao Te Ching” de Lao Tse que habla sobre la fuente. Yo lo asocio con un momento de apertura y percepción que permite estar atento a lo que pasa en tu interior, y receptivo a tu alrededor.

16
Vacía tu mente de todo pensamiento.
Que tu corazón esté en paz.
Observa La profusión de seres,
mas contempla su retorno al origen.

Cuatro ser separado Mora en el universo
retorna a la fuente común.
Retornar a la fuente es serenidad.

Si no conoces la fuente,
tropiezas con la confusión y la pena.
Cuando conoces de dónde provienes,
de modo natural te vuelves tolerante,
desinteresado, divertido,
de corazón cálido como una abuela,
digno como un rey.

Inmerso en la maravilla del Tao
puedes afrontar cuanto la vida te brinda;
y cuando la mirarte llega, estás dispuesto.

¿Todos los personajes son buenos? Una opinión sobre la toma de decisiones


Tonatihu Ramos
Evidentemente, desde la perspectiva del espectador hay personajes malos; aquellos que causan sufrimiento adrede. Se pueden dedicar libros enteros a definir qué es realmente un personaje malo, pero eso no tiene que ver con el presente texto, tiene que ver con las decisiones de un personaje.

Hacer lo correcto

Para un actor, su personaje nunca puede ser "el malo." Esto no quiere decir que un actor sólo interpreta "Héroes"; se refiere a la ya mencionada toma de decisiones, a lo que el personaje cree que es correcto: "Si es lo correcto, está bien hacerlo". Es un hecho que esta valoración de lo correcto e incorrecto está definida por la moral de un personaje, y la manera y el lugar en los que creció. Ningún personaje elgiría un camino si este no supone un beneficio para él, incluso si éste no es claro, o si el beneficiado no es para él, sino para los personajes que lo rodean, como un padre sacrificándose por sus hijos.
Ahora bien, se habla de beneficios, ¿esto quiere decir que un personaje puede hacer algo incorrecto si esto le trae beneficios? La respuesta es no, y ¿por qué la respuesta es "no"?, porque -como ya se mencionó antes –la moral de cada personaje es diferente: lo que yo creo que está bien para ti puede estar mal. Volvamos al ejemplo del padre, pero cambiemos un poco la situación: en esta ocasión, el padre no se sacrifica, sino que mata al hombre que intento violar a su hija. Evidentemente, podemos decir que matar está mal, pero para ese hombre fue la decisión correcta. Sin importar que nosotros creamos que cometió un acto de maldad, no podrás hacerlo cambiar de opinión.
Aquí es donde entran los personajes "malos"; estos personajes también tienen su propia moral, y creen que lo que hacen está bien. Sin importar lo viles que puedan ser sus actos, su moral les dice que lo que hacen es correcto. Recuerdo haber visto una entrevista que le hicieron a un asaltante en la que decía que, para él, eso está bien, porque se ganaba la vida; incluso se encomendaba a Dios antes de salir.
Resumiendo, un personaje siempre hará lo que para él es correcto, y no lo que la sociedad diga que es correcto, incluso si esta decisión es tomada bajo coacción; al final, el personaje tomó la elección que era mejor para él en ese momento. Una vez más, "si es lo correcto, está bien hacerlo". Es por eso que, para un actor, su personaje no puede ser el malo. Desde mi propia experiencia, y viéndolo como espectador, he interpretado personajes deplorables, pero en el momento en el que estoy interpretándolos no puedo evitar decir "cómo amo a este carbón".
Para terminar, quisiera hacer una reflexión sobre nuestra propia vida. Al final, debemos hacer las cosas por y para nosotros mismos, sin importar lo que los demás piensen de nosotros; en el fondo estamos haciendo lo que es mejor para nosotros: Lo correcto.

LA IMPORTANCIA DE LA DERROTA


Josué Joel Álvarez Hernández

Si trazáramos una línea entre la victoria y la derrota, y tuvieras que involucrarte en la necesidad de atravesar la línea hacia la derrota, actoralmente hablando (digamos que cometes un error de dicción, interpretación, acento, fluidez etc. etc.), esto es lo último que querrías, en teoría, porque eso te hace sentir mal y te hace peor que los demás.

Claro, asumiendo que no hiciste tus deberes, es algo muy lógico que suceda lo anterior, pero ¿qué tal si sucede después de esforzarte en ensayar o estudiar tu guión por horas y horas? Seguramente no estarás contento y eso conlleva varios intentos fallidos, varios errores más; temor a la derrota hasta un punto en el que ya no hay manera de recuperarse. Todo lo anterior, lleva a un bloqueo, y con eso llegas a pensar en que no importa cuánto te esfuerces, simplemente no lo lográs, así que pierdes el interés, eliminas la seriedad y no le das al trabajo el esfuerzo que merecen tanto el texto como tus compañeros.

El problema de esa mentalidad es que ha hecho que se ignore completamente la riqueza que hay en el terreno de perder. En sentido estricto es algo en lo que apenas se piensa estando a un cierto nivel actoral, pero si estas estudiando esta carrera sin estar plenamente consciente de que quieres entregarte a esta profesión, esa forma de pensar sólo entorpecerá el proceso y el desarrollo en individual y en equipo; sin embargo, si estás completamente entregado, tienes que pensar lo siguiente: no te estás entrenado para temer al fracaso. Te estás entrenado para superarlo.

El miedo al fracaso es un temor bastante común en todos; sin embargo, en particular en la carrera de actuación, es algo que debería ser casi nulo para quien se lo toma en serio, porque la derrota puede implicar más que sólo el hecho de que algo salió mal. Pase lo que pase, no hay marcha atrás, por lo que saber que, ocurra lo que ocurra, hay que seguir adelante es importante.

¿Y si te equivocas? Pues aguantas y sigues adelante; no vale tirarse al suelo y llorar, hay que continuar, porque esto nos hace cambiar nuestra perspectiva, nos hace reaccionar, nos hace mejorar como actores y como personas frente los obstáculos, y lo hace todo a través de la derrota. Dicen que se aprende más de los fracasos que de las victorias, y aunque hay que aprender a pelear por lo que se quiere en la vida, también es importante saber lidiar con tus errores y comprender que toda acción conlleva el riesgo de la derrota. Una vez asimilado eso, generas esta autoexigencia de superar los desafíos sin perder de vista lo principal, lo que está en juego.

Imagina que cada persona en tu equipo es un engranaje que se conecta con el resto para crear algo mayor en conjunto; si un engranaje no esta bien asegurado, lógicamente detiene el proceso de los demás y el fin para el que estaban articulados se frustra. Con todo esto no quiero decir que se deba ser todo un Tony Montana, lanzándose directamente hacia las balas; el punto de todo esto es asumir la existencia constante de la derrota, aceptarla y convertirla en un escalón para crecer. Sin embargo, eso sólo se puede conseguir si estás entregándote por completo a lo que estás haciendo. De lo contrario, la derrota te va a acabar.

Charlas en el Seminario de Expresión de Artstudio


Alberto Meléndez

El actor Hamlet Ramírez nos acompañó en la cuarta entrega de las Charlas en el Seminario de Expresión. Se abordaron diversos enfoques sobre la construcción de un personaje: la forma de hacerlo como actor, lo que es en esencia un personaje, algunos métodos para llegar a él, la coherencia necesaria entre el personaje creado por el actor y la construcción total de las escenas, entre otros.

En palabras del mismo Hamlet: “El personaje es lo que dice, lo que hace y lo que los demás dicen de él”. Algo relevante si se tiene en cuenta el análisis de personaje que se hace dentro de la materia de Creación de Personaje I.

A su vez, recomienda probar el texto en 2, 3, 27, o 50,000 formas diferentes de éste, hasta encontrar aquella que le funciona a cada personaje.

Dentro de la ronda de preguntas, Hamlet puntúa algo que, como actores, es muy importante: “Enfrentar a los personajes es otra forma de entender el mundo”. Necesitamos tener una visión del mundo para poder actuar; para tener algo que decir con nuestra actuación.

Como una pequeña nota al pie, los seminaristas nos vimos bendecidos al poder escuchar, en viva voz del propio Hamlet, un fragmento de la obra homónima de William Shakespeare, dicha por ese personaje.

Finalmente se le preguntó para él qué es actuar, a lo que respondió: “Actuar es… Placer”.

LA ACTUACIÓN ES COSA MÍA Y DEL OTRO


José Luis Ángel Ortiz Lara

El proceso de comunicación en la actuación.

Últimamente, una frase ha sido repetida en torno a lo que significa la actuación: “la actuación se trata del otro”.
En mi opinión, la actuación se trata también de uno mismo, porque en la actuación hay un proceso de comunicación, no sólo entre los actores, sino también con el espectador. Como en el proceso de comunicación, durante la relación entre personajes existe un circuito, en donde uno empieza siendo el emisor del mensaje y el otro el receptor y, una vez que el receptor logra decodificar el mensaje, instantáneamente se convierte en emisor. Él codificará un nuevo mensaje, para transmitirlo como respuesta hacia el que ahora es su receptor. Se genera así un circuito llamado retroalimentación, que dura al menos lo que dura una función, en el caso del teatro.

Para crear un mensaje que tengo que mandar, o una respuesta, es necesario ver en mí mismo la paleta de emociones, para imprimir en ese mensaje el tono adecuado; para que llegue, pues, con el impacto con que quiero mandarlo y, viceversa, estar atento a lo que mi contraparte mande para así crear otra respuesta.
Por ello, opino que la actuación no sólo se trata de mí o del otro, sino que depende de ambos, ya que es un proceso de comunicación.

Editorial


Aureliano Castillo León

En el Seminario de ArtStudio nos cualquier cosa es buen pretexto para hablar. Cada cierto tiempo, llevamos a cabo lo que llamamos Sesiones Colegiadas, en las que –en vez de trabajar de manera práctica –nos sentamos a discutir sobre nuestros intereses, inquietudes y preocupaciones, y a plantear posibilidades que propongan alternativas a nuestro modo de entender el trabajo del actor, sus dificultades, retos y lecciones.

El pasado sábado 25 de junio, llevamos a cabo una de estas Sesiones Colegiadas, discutiendo y planteando cada quien su visión sobre lo que vivimos como estudiantes de actuación y las salidas que podemos generar ante las problemáticas de diversas índoles que cada uno detecta desde su propia experiencia. Lo más relevante de tal sesión –aquello que me ha impulsado a escribir esta bienvenida al tercer número de la revista acerca de ello –es que para todos el punto más importante es el compromiso.

No sólo me refiero al compromiso que es vital tener en esta carrera, mismo del que han hablado varios de los integrantes del seminario en sus textos, sino también al compromiso personal con la formación propia. Si yo no estoy comprometido con mi propia formación y lo que demanda de mí, no podré jamás comprometerme con mis compañeros de escena, con mis proyectos, ni mucho menos con la disciplina que necesito adquirir para llevar a cabo cualquier oficio, cualquier técnica o cualquier arte.

Dicho lo anterior, me gustaría invitarte a una reflexión: ¿qué tanto estás comprometido contigo mismo?

¿Cuántos actores se necesitan para cambiar una bombilla?


Carlos Miguel Nava Ortiz

¿Por qué hacemos lo que hacemos? ¿Por qué insistimos tanto en algo que muchos no aprueban? Seguramente varios de los que lean esto conocerán lo que es “nadar contra corriente”. Grandes, chicos, medianos…, no es importante en este caso la edad; es probable que a muchos se les cuestionen sus acciones. “Ser actor”, algo nuevo y desconocido para muchas familias, una decisión en principio, porque seguramente muchos están aquí por eso. No exento los posibles casos de quienes se encuentren haciendo esto por obligación, así que la pregunta puede cambiar un poco para ellos, pero el contenido sigue siendo una respuesta del corazón.

¿Cómo podemos seguir trabajando en esto? Para los que llevan un tiempo aquí, formándose y trabajando, esta otra pregunta puede ser más pertinente ¿Cómo lo hacen? ¿Por qué lo hacen? No sé si ya se lo han preguntado antes, pero me imagino que la respuesta sí está ahí.

A mí me han preguntado constantemente: ¿Cuánto tiempo te falta para terminar? ¿De verdad crees que podrás vivir de eso? ¿Qué harás cuando no te funcione? ¿Sólo a eso te piensas dedicar? Y lo más divertido es que todas esas preguntas están acompañadas de afirmaciones, dejando la duda atrás, para asegurarse de marcar los verdaderos sentimientos de quienes las formulan: “¡Aguas! Cuando no funcione no te voy a apoyar”, “Es mejor tener algo de verdad sobre lo cual apoyarte”, “Ojalá no te mueras de hambre”. Son afirmaciones muy divertidas que sólo reafirman mi respuesta a la preguntas anteriores.

Cada uno de nosotros conoce su respuesta ante todas esas cargas ideológicas. En caso de aún no tener una, hay que encontrarla, porque aquí juega la resistencia. El papel que toma ésta es primordial porque es algo que no podemos abandonar si nos vamos a entregar a este medio:

·      Resistir la carga de trabajo
·      Resistir los largos viajes
·      Resistir la crítica y confrontar las realidades
·      Resistir el pago
·  Resistir los ensayos, las prácticas y todos los ejercicios que tengamos para hacer en casa

La lista puede extenderse; sólo trato de resumir algunos puntos. Pero no se formen una posible idea equivocada de lo que estoy diciendo. Antes de cualquier cosa, esto se tiene que disfrutar ¿Qué sentido tendría ser actor si sólo se va a sufrir por ello?

Muchos dicen justamente que, para hacer algo, se tiene que sufrir por ello; yo pienso que no es así. Es una forma muy triste de ver lo que haces y lo que amas. En efecto, te tienes que esforzar, dedicarle tiempo, horas, días; tiene que haber disposición y un gran coraje para hacerlo, pero debes gozar lo que estás haciendo, si no sólo pierde sentido.

Tú conoces cuanto esfuerzo tienes que poner en esto. Tienes que dedicarle horas de trabajo pues “no vives del talento”; si lo tienes, me alegro por ti, qué genial que así sea, pero tienes que trabajar para sacarle brillo, si no sólo quedará cubierto por el fango de lo pudiste lograr.

Para todo hay un lugar, un momento, un espacio. Nosotros creamos estas condiciones para interiorizar lo que vivimos, así podemos disfrutar nuestra realidad. ArtStudio es un momento, un lugar y un espacio de tu vida; cada clase y cada tiempo en el que trabajas es una oportunidad para crecer. Permítele a esas tres condiciones atender lo que estás haciendo y lo que tienes que hacer.

Cuando entramos, Olga nos explica que jamás hay que pelearse con otros para ver quién es mejor que quién. Ella sabiamente dice: Siempre hay uno que está arriba de ti, así como hay otro que está por debajo de ti. No pierdas el tiempo comparándote con otros para ver “si vas más o menos”, confía en mí, es inútil. La única competencia que tienes es contigo mismo.

No te quedes prendido a tus errores del pasado, tampoco a los logros. Lo que ayer fue tu 100%, hoy es tu 1%. No se trata de que alcances una meta, se trata de que alcances “un punto de control para poder continuar la historia”[1]. Pero ojo, ese punto de guardado se puede perder en cualquier momento en que flaquees.
¿Por qué sigo esforzándome en lograr este sueño de ser actor? Porque amo esto. Porque cada día que me levanto y tengo una oportunidad de actuar, lo gozo como un orgasmo. Porque cada personaje es una oportunidad de crear y contar una historia. Esa es mi respuesta… ¿cuál es la tuya?

¿Cuántos actores se necesitan para cambiar una bombilla? Dos. Uno que lo cambie y otro que esté abajo diciendo: yo lo podría hacer mejor. “No pierdan el tiempo así, no sean el actor de abajo; mejor sigan esforzándose por lo que desean”. De esa forma, cada día de su vida será una posibilidad para crecer, para aprender y, ¿por qué no?, para vivir.





[1] Me refiero al punto de control de un videojuego, un espacio para guardar la partida.