LA SUERTE NO EXISTE
Después de sufrir un contratiempo, muchas personas piensan que
tienen mala suerte. Pero la realidad es que la suerte no existe. Lo que hace a
las personas “afortunadas” es que
toman iniciativas, utilizan su energía, su fuerza de voluntad, su espíritu de
conquista; toman siempre un impulso hacia adelante, van en busca de hallazgos
felices.
Por supuesto que existe el azar, la suerte en el juego y cosas
similares. Sin embargo, cuando hablamos de éxito, de riqueza, de triunfo y de
autorrealización, nada es por casualidad.
Las personas más exitosas de nuestra historia han sabido que crear nuestra vida es indispensable,
mucho más que dejar que todo ocurra de forma “natural”. La realidad es que lo
más natural es tender al crecimiento, adquirir aptitudes, ensanchar nuestros
horizontes. Los avances recompensan nuestros esfuerzos y contrarrestan los
reveses y las frustraciones.
Se dan situaciones a nivel existencial que sólo pueden ser
explicadas a través del destino, de la creencia en Dios, del karma, etc. Situaciones de vida o muerte, o donde
la vida de una persona cambia totalmente, y donde realmente ninguna ley física,
biológica, psicológica, etc.,
logra explicar qué sucede. Este tipo de situaciones sólo pueden ser
explicadas de acuerdo a las creencias religiosas, existenciales o filosóficas
de cada persona.
Sin embargo, a nivel de la vida diaria es diferente: ¿Te has
dado cuenta de que las personas que tienen “buena suerte” son positivas, alegres y seguras de sí
mismas? ¿Y de que las personas con
“mala suerte” son negativas, depresivas, constantemente están enojadas o de mal
humor y son desconfiadas? ¿Crees que es casualidad o piensas que son así como
resultado de su suerte?
¡NO! Es al
revés. Su “buena o mala suerte” es
el resultado de su forma de ser.
Después de una gran cantidad de estudios, se ha demostrado que
la “buena o mala suerte” que vivimos en nuestra vida diaria es el resultado de nuestra actitud ante la
vida, nuestros pensamientos y nuestra
conducta.
Generalmente, no estamos conscientes de dichos actos o de dichos
pensamientos, por lo que seguimos repitiéndolos y seguimos culpando a la “mala
suerte”.
Olga Donna-Dío
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