jueves, 4 de agosto de 2016

“Zip-Zap” Un forma lúdica de concentrarse


Susana Cortés Hernández

El sábado 18 de junio durante el seminario jugamos tres juegos en los que se ejemplificaban la mecánica del “foco” y cómo es aplicable a los géneros dramáticos. Al decir foco me refiero a guiar la atención del público; guía generada por el actor con un movimiento en escena para enfatizar o dirigir la atención del público hacia un hecho, objeto, personaje o hacia cualquier elemento presente en escena que quiera destacarse preservando la coherencia de la ficción.

El juego del que te quiero platicar, y por el cual padecí el “complejo de foca”, se llama zip-zap. Entre todos, mis compañeros y yo, formamos un “círculo”; las reglas básicas son dar un aplauso hacia la izquierda diciendo “zip” para que el compañero reciba ese impulso y lo mande al siguiente compañero que se encuentre a su izquierda, girando también el torso y regresando a su posición frontal lo más rápido posible pues podría recibir un “zap”, un aplauso que viene de frente. Este “zap” puede ser revocado usando, sólo una vez en todo el juego, un “toing”.

Éste juego fue un ejemplo de la dinámica y comunicación en la comedia, hay que estar perceptivos a cualquier estímulo externo y hacer foco a un ritmo rápido y fluido, como un trazo definido. Yo me lo imagino cómo una lectura de electrocardiograma: hay subidas y bajadas, unas más prominentes que otras, pero es la misma línea, no está interrumpida.
La  concentración es un factor importante para la capacidad de respuesta rápida por lo que, después de la sesión del seminario, recordé un fragmento del “Tao Te Ching” de Lao Tse que habla sobre la fuente. Yo lo asocio con un momento de apertura y percepción que permite estar atento a lo que pasa en tu interior, y receptivo a tu alrededor.

16
Vacía tu mente de todo pensamiento.
Que tu corazón esté en paz.
Observa La profusión de seres,
mas contempla su retorno al origen.

Cuatro ser separado Mora en el universo
retorna a la fuente común.
Retornar a la fuente es serenidad.

Si no conoces la fuente,
tropiezas con la confusión y la pena.
Cuando conoces de dónde provienes,
de modo natural te vuelves tolerante,
desinteresado, divertido,
de corazón cálido como una abuela,
digno como un rey.

Inmerso en la maravilla del Tao
puedes afrontar cuanto la vida te brinda;
y cuando la mirarte llega, estás dispuesto.

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