Mostrando entradas con la etiqueta Nº4. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Nº4. Mostrar todas las entradas

jueves, 4 de agosto de 2016

Charlas en el Seminario de Expresión Artstudio


Alberto Meléndez

Por primera vez, los invitados a la charla fueron actores de doblaje; y no cualesquiera, sino unos que todos conocemos muy bien en esta escuela: La Trouppe Orozco.

José Luis Orozco, Daniela Antunez, Luis Fernando Orozco y Andrea Orozco (Alejandro no pudo asistir) nos hablaron de sus experiencias respecto a la disciplina que el doblaje exige, tanto dentro de la cabina como fuera de ella, y hasta en la casa.

Lo primero que nos compartió Luis Fernando fue una de sus experiencias, donde un día en que tenía llamado se quedó dormido y llegó tarde. Al presentarse con el director, se enteró que ya había sido sustituido y, a partir de ahí, por dos años, no tuvo ningún llamado con ese director.

Esta experiencia la resumió en algo que es muy importante recordar, no sólo en el trabajo, sino en la escuela misma: Un error puede costar mucho trabajo.

Andrea nos habló un poco de la disciplina que uno como actor debe tener, pero no sólo al momento de trabajar, sino en la vida cotidiana, refiriendo que la responsabilidad y la disciplina de un actor se notan cuando cuida su maquinaria de trabajo; es decir, su cuerpo, su voz y su mente. Y para esto nos dio un ejemplo de una experiencia que tuvo en que se fue de fiesta durante una noche entera, sabiendo que al siguiente día debía presentarse a llamado. En ese llamado no dio todo porque su cuerpo estaba débil, y en sus mismas palabras: “No diré cuál, pero ha sido uno de mis peores doblajes, si no es que el peor”.
José Luis, para complementar un poco esto, nos dijo que el problema es que la disciplina que se te exige por parte del trabajo, como la que uno se exige se ha relajado mucho.

“El actor debería entender como su obligación el cuidarse y prepararse, física y mentalmente”.

Dentro de esta disciplina, nos dijeron también, nunca hay que dejar pasar la oportunidad de aprender, pues hay que nutrir la mente y alimentar la imaginación.

Tras su afable charla, inició la ronda de preguntas, donde una de las más importantes y que no se piensa a menudo, sino hasta que uno se encuentra en la situación fue: Cuando se cruza el trabajo, ¿qué se hace?

Las respuestas fueron diversas, pero la mejor síntesis fue dada por Luis Fernando: “Lo mejor es decir que no a alguien. Es mejor que canceles en uno a ver cómo le haces en los dos y fallar.”
La siguiente pregunta estuvo muy relacionada a la anterior y a todos nos surgió al mismo momento: ¿Y cuál cancelar?

Andrea y Luis Fernando nos dieron sus opiniones, aunque ambos concordaron en que todas son igual de válidas.

Él nos dijo que lo lógico es darle prioridad al que te llegó primero, pero que él, cuando está en esa situación, considera también las ganancias que reporta cada una de las opciones.

Andrea, por el contrario, nos dijo que ella piensa en cuál de los trabajos le acerca más a lo que ella le gusta hacer y a ese es al que le da prioridad.

Por último, se les preguntó qué era para cada uno de ellos actuar. Luis Fernando nos respondió “Ser”, José Luis dijo “Plenitud”, Daniela “Disciplina” y Andrea “Vivir”.


La Trouppe Orozco (-1)

Yo cambio, tu cambias… todos cambiamos


Alejandra Ríos González
Durante el tiempo que he estado en la escuela, he tenido un crecimiento personal importante. Me han criticado, me han regañado, he tenido que recursar algunas materias y sobretodo me han hecho ver mis debilidades, pero gracias a eso ahora me escucho, me siento y me veo… ¿Quién soy? ¿A dónde voy? ¿Qué quiero? Estas son  las preguntas existenciales que sólo uno puede resolver para poder empezar a generar un cambio.
Estar en esta escuela no es sólo un hobbie; necesitas entregarte, conocerte, analizarte y, sobretodo, confrontarte. La actuación es una gran herramienta de autoconocimiento porque nos ayuda a darnos cuenta de lo que realmente sentimos. Cuando leemos una obra y nos identificamos con cierto personaje, es una excelente oportunidad para hacer una introspección y ver qué es lo que nos movió de ese personaje particular.
“Jugar a ser otro” conecta con partes de uno mismo que tienes completamente negadas, y con esas herramientas tendrás la capacidad de crear un personaje.
Con el tiempo te darás cuenta que nosotros no sólo tenemos un cambio, los personajes mismos a los que representamos también conllevan este proceso de cambio. Sin importar qué tipo de cambio tenga, ya sea bueno o malo, siempre hay uno[1].
Para transmitir los sentimientos de un personaje es preciso identificarlos y, para ello, uno mismo tiene que experimentar vivencias… así que vive… conócete y cambia.



[1] Si quieres saber más respecto a este tema revisa el articulo “Estructura dramática del protagonista” de la revista del mes de Mayo.

Un actor nunca deja de prepararse


Brandon Montor

Recuerdo mucho una clase de actuación que tuve hace unos cuantos años. El maestro, después de un ejercicio, explicaba que íbamos por buen camino. Pidió que imagináramos un edificio de 10 pisos. En ese edificio nosotros estábamos en el piso 8, a punto de llegar.  Vaya que sí íbamos bien, estábamos a nada de llegar al piso 10. Después agregó: Sí, están a punto de llegar, sólo que cuando lleguen al piso 10 descubrirán que están construyendo 10 pisos más que hay que escalar.

¿A qué se refería con ésta metáfora? Siendo sincero no le di mucha importancia, pero conforme pasó el tiempo fue cobrando sentido. Durante años olvidé mis ejercicios de dicción y respiración; total, yo ya había pasado esas materias y nunca tuve tantos problemas a la hora de estar en cabina. Dejé de lado algo básico para un actor. También dejé de preocuparme por cultivarme como tal.

Un par de años pasaron, yo había encontrado formas predeterminadas para hacer sonar “creíble” lo que estaba diciendo. Sin darme cuenta, había reducido al mínimo mi entrenamiento diario y quizá también mi esfuerzo, ¿qué podría pasar si de una u otra manera en la escuela no me iba mal y lograba resultados, es más, si ya tenía la autorización para trabajar y en algunas empresas empezaba a hacer mis primeros trabajos?

Olvidé lo básico y ese fue mi peor error; un actor debe trabajar diario en sí mismo, si no quedará rezagado en lo que hace. De repente me empecé a dar cuenta que me hacían repetir mucho las tomas, esto no era la escuela, ya era el mundo laboral. No podía creer que por algo tan básico como la dicción nos tardáramos de 5 a 6 tomas en un dialogo; luego vinieron los diálogos largos, los cuales no podía terminar porque me faltaba aire. El aire me estaba deteniendo, algo que minimicé tanto era lo que no me dejaba estar a la altura. Sumado a todo eso, era evidente que desde hacía tiempo había dejado de actuar y sólo me dedicaba hacer como que hacía, a fingir.

Después de un fracaso grande fue cuando me di cuenta que algo debía cambiar, y decidí que era tiempo de volver a reaprender un par de cosas. Volví a preocuparme por seguir avanzando, a seguir estudiando y a disciplinarme un poco más. No les voy a mentir, no he sido el más disciplinado del mundo, pero aprendí que si quieres dedicarte a lo que sea en la vida, tu peor error es asumir que ya no tienes nada que aprender.

Cuando decidí seguir estudiando, descubrí que aún cuando tenía 6 años preparándome, aún después de creer que “había llegado”, yo seguía en un piso 10 al cual alguna vez me dijeron que llegué. Había dejado de mirar hacia otro lado y, al voltear hacia arriba, me di cuenta que aún estaba en el suelo y que faltaba tanto por escalar…  

¿SOY UN ACTOR?


Susana Cortés Hernández


Me dirijo a ti como colegas porque estoy segura de que te gusta actuar, y también por la sencilla razón de que estás preparándote para especializarte en doblaje.

Al haber tenido un contacto emocional cercano con mis compañeros durante este mes en el Seminario, caí en cuenta de que hay un “síntoma” que tarde o temprano hemos padecido. Cuestionarnos internamente: ¿Soy actor?

Lo peor es cuando amas la actuación, buscaste dónde te orientarán para aprender esta apasionante profesión, y no te reconoces como tal, como un actor. Hace algunos años, un profesor nos planteó ésta cuestión y llegamos a la conclusión de que éramos un actor en preparación. Sí, hay razón en ello, pero también es un arma de doble filo. Si yo me reconozco como “actor en preparación” puedo entrar en una estado de confort y delegar responsabilidades, retardar mi madurez profesional.

Asumirme como actor no implica dejar de reconocer que continuaré aprendiendo hasta el último día de mi vida, sino todo lo contrario.

 
Sí, asusta decir “Soy actor”, porque es asumir tus aciertos y tus equivocaciones como tal. Enfrenta el miedo, canalízalo a tu favor y no en tu contra; responsabilízate de tu preparación y de tu quehacer profesional, asume la profesión siendo el ejemplo para tí mismo de disciplina, práctica, iniciativa, pasión, reciprocidad hacia tus colegas actores; escucha y aprende del otro.



JUEGA.

En Palabras de Olga


REESCRIBE TU HISTORIA
Quien quiere llegar busca caminos,
quien no quiere llegar busca excusas
.
Vicente Cassanya

Nos hemos acostumbrado a narrar nuestra vida de manera determinada, explicándonos nuestros miedos o limitaciones de modo que todo adquiera sentido. De ésta manera justificamos el que no estudiemos, el  que no hagamos ejercicio,  etc. Constantemente utilizamos el “es que” es que mis padres, es que mis hijos, es que mi pareja, es que la falta de dinero o de tiempo… me lo impiden.

La escritura expresiva podría ayudarte a salir de esa narrativa y dar un nuevo punto de vista que favorecerá tu crecimiento personal. Escribir las verdaderas razones que te impiden  llevar adelante tus  proyectos te conectará con tu propia conciencia.
Si te atreves a editar tu “HISTORIA OFICIAL”, quizá descubras que no son ni tus padres, ni tus hijos, ni tu pareja, ni la falta de dinero, ni de tiempo, lo que te impide llevar a cabo tus sueños, sino tu miedo a no conseguirlo, la inseguridad en tus capacidades o la angustia que sientes ante el desafío. Al sincerarte contigo a través de la escritura, expresando esos miedos o limitaciones, podrás empezar a andar el camino hacia tus proyectos con renovada fuerza.


Olga Donna-Dío.

Percibir y Responder


Josué Joel Álvarez Hernández

En el Seminario tenemos muchos tipos de ejercicios que sirven para agudizar los sentidos del actor. Hay algunos para enfocar la atención, para escuchar, para percibir, para contemplar, etc.

En la mayoría, hay una regla sumamente importante a seguir: completar el ejercicio no con la intención de ganarle a los demás en él, sino de lograrlo de manera grupal. Esto se hace con la intención de acoplarse de la manera mas afín con los demás actores que están en escena, y si estos ejercicios se logran de manera adecuada, uno como actor logra tener una agudeza sensitiva mayor y más centrada durante la interpretación.

Muchos de los que estamos en esta escuela tenemos un cierto círculo social con quienes convivimos más tiempo; en la mayoría de los casos se trata del grupo generacional que le toca a cada quien, y así se forman vínculos que dan -por así decirlo -una cierta comodidad, sobretodo al acostumbrarse al modo de trabajo de tales o cuales personas. ¿Pero qué sucede cuando trabajas con alguien desconocido? Obviamente, con esa persona no se tiene el mismo lazo o no se ha formado alguno, pero aun así es tu deber entregarte completamente a tu trabajo.

Dudas como esas me rondaban por la cabeza, ¿qué sucedería si no consiguiera lograr con un compañero nuevo el mismo buen resultado que tengo con algunos de mis compañeros ya conocidos? Afortunadamente, gracias a la constancia con que he efectuado los ejercicios del Seminario, poco a poco perdí el interés en preocuparme siquiera por eso; hasta que entre a cabina. Tenía que hacer una escena realmente corta con una nueva compañera; en esos pocos instantes, no tardaron en abordarme los pensamientos que tuve alguna vez, hasta que me di cuenta que ya estaba en el atril, viendo la pantalla y teniendo el texto en frente mío. En ese instante, tuve una calma que llegó tan velozmente como cuando me  abordó aquel pensamiento tan antiguo, y en ese momento supe que de cierta forma la actriz que estaba frente a mí confiaba en que haría un buen trabajo. Actuar se trata del otro, así que respondí con la misma confianza, y de un momento a otro simplemente la escena salió.

A pesar de que jamás hubo un solo dialogo con respecto a eso, fue un momento, un instante de sincronía suficiente para lograr sacar de buena manera esa escena. En números anteriores ha habido ejemplos de ejercicios para fortalecer este tipo de momentos, por lo que recomiendo que los practiquen muy seguido; así, cuando tengan frente a ustedes ese momento que esperan desde que entran a la escuela, lograrán percibir y responder.

Un seminario: Lo que puede significar dar un poquito más.


Carlos Miguel Nava Ortiz

Cuando amas algo te entregas, dedicas horas de esfuerzo para ver tus proyectos salir adelante. No importa cuánta cafeína tengas que tomar, pues las horas de sueño ya las recuperarás en otro momento. Cada segundo que dedicas a eso que es tan importante para ti, es un segundo que padeces, lloras, ríes y te llena de emoción. La incertidumbre es grande… y con más razón estás trabajando para levantar el velo que está sobre eso que anhelas; cada día, todos los días.

A veces me pregunto si realmente importan las razones por las cuales uno se entrega a algo de esa forma. Todos tienen su historia y es muy valiosa de escuchar, pero lo que es realmente sensacional es la dedicación que toman al hacer eso que aman.

¿Cuánto pueden ganar? ¿Cuánto pueden perder? La satisfacción que uno siente al amar es incomparable, todos sentimos de formas distintas y por eso cada uno ofrece lo que puede de sí. ¿Acaso se podrá medir? No, eso no se puede medir, porque eso implicaría una comparación con otros y, por fortuna, todos somos diferentes, ¡maravillosamente distintos!

¿Será entonces sólo la pasión? O, ¿habrá algo más ahí?

Amor, eso es lo que hay ahí, un ferviente amor que fractura paredes, rompe cielos y te eleva tan alto que a veces sientes que no puedes respirar. Cierras los ojos, pues te asusta lo que tu amor te llega a hacer sentir; sientes tanto miedo de que la caída duela que te encapsulas para mantenerte a salvo. Te llegas a preguntar qué tan alto te llevó ese sentimiento, qué tan arriba en el cielo puedes estar y cuánto tardarás en caer. Aún no abres los ojos y sigues pensando en cómo será la caída. El vacío es impresionante, aseguras, pues cuando te comienzas a calmar te das cuenta de lo tranquilo de ese instante. Pones algo de atención a tu alrededor y alcanzas a escuchar una voz. No sabes si es interna o externa, pero eso no importa, pues en tus segundos más pacíficos, esa voz te dice que abras los ojos.

Al principio te cuesta trabajo procesar la idea, pero poco a poco lo comienzas a hacer. El miedo se va y en ese momento te das cuenta que tu amor te ha llevado tan lejos, tan alto. Tu amor te ha llevado hasta las estrellas. Todo lo que has hecho, lo que has entregado, las horas de dedicación y tus desvelos te han llevado hasta ese lugar. Ahora, sí, ahora puedes saltar sobre las estrellas.

Llegar a las estrellas no es el límite, pues comprendes que aún hay mucho más que alcanzar. Cada salto requiere esfuerzo, el trabajo no termina, pero esa vista sólo es tuya.

Nuestro pasado es importante, lo que hicimos, lo que vivimos, las cosas que nos motivaron y también todo lo que sentimos. Pero el pasado sólo es una página ya escrita de nuestra vida. El ahora, el hermoso hoy; lo que somos en este instante es lo que de verdad importa.

Sólo por eso, sólo por ese goce pleno que siempre hay que seguir buscando, vale la pena dar un poquito más.

«Especialmente dedicado a mis compañeros del seminario». 

¿Qué tanta importancia le damos al texto?


Antonio Rosas Barrera

Como actores, y sobre todo como actores de doblaje, debemos estar muy atentos al trabajo que vamos a realizar, y no sólo eso, también debemos de improvisar de forma instantánea.

Cuando empecé a adentrarme en las clases de actuación tuve un gran problema: en muchos ejercicios de improvisación no podía concluir con buenos resultados, y sigue pasándome. Al momento de hacerlos, suelen llegar pensamientos: ¿Qué hacer? ¿Qué decir? ¿Y si al actor que tengo en frente me sorprende con algo inesperado?. Todo eso se acumula provocando un breve shock de ideas.

Para resolver ese problema, en el Seminario de Expresión utilizamos un ejercicio muy interesante; es muy sencillo. Al momento de actuar, en vez de usar palabras se usan números. El objetivo de esto es que dejemos de preocuparnos en “el qué decir” o “qué hacer”. Al eliminar estas preocupaciones nos enfocamos en el objetivo de la escena, en el otro actor y en lo que se quiere expresar.

Al principio suele ser gracioso o inclusive incomodo, porque aunque suene como un chiste, te pones a pensar hasta en qué números puedes decir, pero una vez roto este bloqueo, con lo único que nos quedamos en la escena es con el actor que tenemos enfrente y con lo que éste nos expresa.

Eso nos ayuda a poder escuchar al actor y poder reaccionar de una manera más orgánica; es decir, nos ayuda a que no se note el actor en escena, sino el personaje.

Espero que esto refuerce tu trabajo, y comparto una frase que escuché en una de las pláticas mensuales que se llevan a cabo en el Seminario de Expresión. “La técnica no te hace cuadrado, al contrario: te libera”.

Editorial


Aureliano Castillo León
Esfuerzo, dedicación y entrega son, entre otras, algunas de las palabras que encontrarás en este cuarto número de El Seminario (Mensual), sin embargo, la constante que hilvana todos los artículos es la siguiente: el camino del actor es un camino infinito.

Siempre podemos volver a conocernos, a aprender, a contar nuestra historia, a ser el actor que queremos llegar a ser… siempre podemos dar un paso más en este camino interminable.

Sin embargo hay una aclaración pertinente en este punto: Interminable no es sinónimo de tortuoso ni de poco fructífero. El camino no tiene fin, cierto, pero cada paso puede ser tan gozoso o pesado como tú elijas. La respuesta está en ti, en tu esfuerzo, en tu dedicación, en tu entrega… y en qué tanto estés dispuesto a pasar por la pena (por todas las penas que esta carrera implica) con tal de lograr lo que quieres.

¿Estás listo?… ¿En tu marca?… Vamos, da el siguiente paso.

¿A dónde ir?


Pepe Ortiz.

“Cantadle un cántico nuevo, cantadle con maestría. Cada uno se pregunta cómo cantará a Dios. Cántale, pero hazlo bien. Él no admite un canto que ofenda sus oídos. Cantad bien, hermanos. Si se te pide que cantes para agradar a alguien entendido en música, no te atreverás a cantarle sin la debida preparación musical, por temor a desagradarle, ya que él, como perito en la materia, descubrirá unos defectos que pasarían desapercibidos a otro cualquiera. ¿Quién, pues, se prestará a cantar con maestría para Dios, que sabe juzgar del cantor, que sabe escuchar con oídos críticos? ¿Cuándo podrás prestarte a cantar con tanto arte y maestría que en nada desagrades a unos oídos tan perfectos?”.
-San Agustín de Hipona.

Aunque esta frese dicha por San Agustín se refiera al canto, también se pude aplicar a otras disciplinas, en especial a la actuación. No importa la disciplina que uno escoja, siempre se ha de dar todo de uno mismo para llegar a un objetivo y, lo que es más importante, hacerlo cada vez mejor; creciendo no sólo en la técnica, sino también en sabiduría y en el carácter. Es negativo quedarse en lo mismo porque, si eso sucediera, el juego perdería su diversión y lo único que lograríamos sería amargarnos la vida, pues eso –quedarse en lo mismo –indicaría que tal vez no estamos en el lugar correcto.

Pero cómo saber a dónde vamos si frente a nosotros hay un enorme horizonte obscuro y lo único que sabemos de nosotros mismos es el lugar donde actualmente estamos parados y que detras de nosotros están las consecuencias de nuestras decisiones pasadas. Sin embargo, aunque el futuro es siempre desconocido, podemos formularnos objetivos que vamos a ir alcanzando si nos esforzamos; siguiendo la analogía, éstos objetivos se verían como pequeñas luces que sobresalen por entre aquella obscuridad y que, a fin de cuentas, lo más importante no es el hecho de llegar a alcanzar esos objetivos, sino el esfuerzo que empleamos para llegar a ellos y lo que aprendimos en el proceso.