Josué Joel
Álvarez Hernández
En el Seminario
tenemos muchos tipos de ejercicios que sirven para agudizar los sentidos del
actor. Hay algunos para enfocar la atención, para escuchar, para percibir, para
contemplar, etc.
En la
mayoría, hay una regla sumamente importante a seguir: completar el ejercicio no
con la intención de ganarle a los demás en él, sino de lograrlo de manera grupal.
Esto se hace con la intención de acoplarse de la manera mas afín con los demás
actores que están en escena, y si estos ejercicios se logran de manera adecuada,
uno como actor logra tener una agudeza sensitiva mayor y más centrada durante
la interpretación.
Muchos de
los que estamos en esta escuela tenemos un cierto círculo social con quienes
convivimos más tiempo; en la mayoría de los casos se trata del grupo
generacional que le toca a cada quien, y así se forman vínculos que dan -por
así decirlo -una cierta comodidad, sobretodo al acostumbrarse al modo de
trabajo de tales o cuales personas. ¿Pero qué sucede cuando trabajas con
alguien desconocido? Obviamente, con esa persona no se tiene el mismo lazo o no
se ha formado alguno, pero aun así es tu deber entregarte completamente a tu
trabajo.
Dudas como
esas me rondaban por la cabeza, ¿qué sucedería si no consiguiera lograr con un
compañero nuevo el mismo buen resultado que tengo con algunos de mis compañeros
ya conocidos? Afortunadamente, gracias a la constancia con que he efectuado los
ejercicios del Seminario, poco a poco perdí el interés en preocuparme siquiera
por eso; hasta que entre a cabina. Tenía que hacer una escena realmente corta con
una nueva compañera; en esos pocos instantes, no tardaron en abordarme los
pensamientos que tuve alguna vez, hasta que me di cuenta que ya estaba en el
atril, viendo la pantalla y teniendo el texto en frente mío. En ese instante,
tuve una calma que llegó tan velozmente como cuando me abordó aquel pensamiento tan antiguo, y
en ese momento supe que de cierta forma la actriz que estaba frente a mí
confiaba en que haría un buen trabajo. Actuar se trata del otro, así que
respondí con la misma confianza, y de un momento a otro simplemente la escena
salió.
A pesar de
que jamás hubo un solo dialogo con respecto a eso, fue un momento, un instante
de sincronía suficiente para lograr sacar de buena manera esa escena. En
números anteriores ha habido ejemplos de ejercicios para fortalecer este tipo
de momentos, por lo que recomiendo que los practiquen muy seguido; así, cuando
tengan frente a ustedes ese momento que esperan desde que entran a la escuela,
lograrán percibir y responder.
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