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jueves, 4 de mayo de 2017

Lo que nunca debe olvidar el actor, II


Susana Cortés Hernández

En la edición pasada les comenté que como actores debemos aprender a percibir, escuchar y concentrarnos; esto no sólo apoya tu desempeño profesional, sino que permite trabajar armoniosamente con el equipo: técnicos, director, actores, etc. Ya habiendo retomado el tópico, aquí les presento otras nociones clave:

Disciplínate: La disciplina es una característica básica para cualquiera que aspire a ser un profesional. Trabaja tu cuerpo, tu voz, tu mente; ejercitándola aumentarás tus capacidades de desempeño actoral.

Arriésgate: Ponerse retos es una manera efectiva para aprender; dominarse por el miedo o preferir “lo seguro” sólo propiciará que te estanques y te pierdas la posibilidad de descubrir tus capacidades actorales.

Exprésate: di tus opiniones, tus inquietudes, permite que tu ser hable y se exprese, permítete ampliar tu conocimiento, comparte tu punto de vista, pero también permite que el otro se exprese.


Y, por último, algo breve pero no por eso menos importante. Aprende a recibir críticas para que éstas sean tu herramienta para pulirte como actor.

Con toda sinceridad, de su estimado escritor.


Der Carlos Nava Ortiz

A veces me es difícil escribir. Me gustaría no ser repetitivo, por eso trato de darle giros a estos párrafos que con mucha ilusión escribo para ustedes. En ocasiones se me han ido acentos, comas, puntos y me encantaría justificarme diciendo que es una pequeña trampa que tengo para ustedes. Una disculpa si en algún momento han sentido que me dirijo a alguien en específico; juro que mi intención es hablarles de la manera más amena posible. Me gustaría poder decir que todo el tiempo tengo algo nuevo que escribir y que contarles. Por desgracia, no es así.

Cada cosa que escribo, cada palabra, punto, oración o letra tiene una razón de estar en papel. Expreso mi frustración, mis deseos y también mis inquietudes. Sería falso afirmar que lo que escribo es para todos; no es así. Cada uno de mis textos es para alguien en concreto, los hago pensando en alguien y por esta razón lamento si a veces es muy notorio. No es que no quiera hablarle a todos, pero creo que si lo hiciera entraría en un juego enfermizo por buscar su aprobación.

Sé que soy muy directo. Soy como un clavo que se encaja en las corneas de los ojos. Comprendo que algunos sientan que mis dedos se burlan con cada entonación de mis preguntas. Soy directo, cuando no hay necesidad de serlo, por eso puede haber cierta brusquedad en mis intenciones. También reconozco que en los momentos de crísis, soy una persona que divaga mucho. En el momento de puntualizar algo, no lo hago. Comienzo a perderme en un bosque, al cálido abrigo de la noche, sólo para encontrarme con extraños seres perdiéndose en la locura de mis palabras.

Hoy lanzo una pregunta al aire, esperando que un iluminado ser me responda: ¿soy un sordo hablando a sordos?

Me siento cansado, de verdad fastidiado. Quisiera poder conservar un poco de ese entusiasmo que siempre trato de impregnar en estas cartas que hago día tras día. No sé si alguno se habrá dado cuenta ya, pero todo este conjunto de letras escritas con un ordenador son nada menos  que cartas.

Cartas, como dije al inicio, dirigidas a personas específicas, pero que de alguna manera tuerzo para que aquellos que se atrevan a leerlas encuentren algo que les sirva de herramienta para seguir trabajando por aquello que esperan lograr.

A estas alturas no sé si alguien continúa la lectura, pues en un discurso tan aberrante como este, es difícil conservar un poco de interés. Hay quienes optan por cegarse a la verdad, puede que sea relevante para ustedes o no, pero ese mismo conflicto es lo que ya me tiene cansado.

Me gustaría pedir una disculpa si se han sentido atacados en algún momento. Quisiera decirles cuánto lamento si los he ofendido, o criticado, o si fuese el cazo, haberlos juzgado con la vara de mi experiencia. Pero no será así.

No tengo porque pedirles disculpas ¿Quieren saber por qué? Porque todas esas cartas que se repiten una y otra vez son desafíos para aquellos que están trabajando en esto ¿Quieren que les hable bonito? Compren un libro de autoayuda, seguramente les hace falta para sentirse comprendidos.

Estoy cansado; no de escribir, claro está, porque si fuera así no lo estaría haciendo. No, estoy cansado de esa maldita comodidad que algunos viven. Estoy arto de ver cómo a algunos sin el mayor esfuerzo tienen las puertas abiertas a cualquier mierda que se les ocurra. Fastidiado de ver cómo algunos se están matando por alcanzar lo que quieren y sólo les llega una pizca de su anhelo. Mientras que otros sólo extienden la mano esperando que todo les llegue.

¡Carajo, entiendan! La vida no es gratis. Tienen que moverse, maldita sea, para alcanzar aquello por lo que tanto lloran. Las cosas se ganan. Para llevar este estilo de vida deben tener la madurez de aceptar sus errores, y la responsabilidad para trabajar en lo que ya se comprometieron.

Ahora, en honor a la verdad, también me gustaría no estar dentro de este sermón, porque para poder a hablarle así a alguien, uno tiene que verse en el espejo y ver lo que está haciendo.

Comodidad, lo que muchos buscan. Entiendo que, para muchos, aprender a hacer algo es más que suficiente. Saben hacer lo necesario de algo y ya no requieren hacer otra cosa más que repetir una y otra vez lo que ya saben hacer. Qué lastima.

La vida requiere riesgos. Adelante, sigan repitiendo eso que ya saben hacer, puede que lleguen lejos. Yo no lo creo, pero si a ustedes les sirve, qué bueno.

¡No intenten cosas nuevas, eso es para tontos (la palabra más suave hasta ahora en este texto)! ¡Bah! Hagan las cosas, acepten desafíos, tomen las riendas de su vida. Arriésguense a hacer cosas que nunca han hecho antes. Así es la actuación. Pueden ser buenos en un personaje, pero no harán mucho si sólo se quedan atrapados en él.

No se queden estancados. Pónganse desafíos, retos, hagan cosas nuevas. Si se quedan en el intento, sólo será una forma sencilla de justificar su miedo, de justificar el hecho de que no hayan hecho algo más.

Hoy, si es que llegaron a este punto de la carta, tomaron el riesgo de seguir leyendo. Si están leyendo esto, es porque ya tomaron el desafío que implica ser un actor. Pues ahora es tiempo de que asuman el compromiso que sus decisiones les han dado.

Dejemos de “jugar” a ser actores, seamos actores. Bajemos de la butaca para subirnos al escenario, como dice Olga. Sé que es difícil, pero alguien dígame: ¿Qué acaso las cosas que valen la pena no son difíciles? A mi gusto, así es, las cosas que valen la pena conllevan su sacrificio. La vida no es gratis, no seamos ingenuos y, por supuesto, luchemos por lo que vale la pena. Si hoy en ti nace la pregunta “¿De verdad quiero ser actor?”, ojalá seas honesto cuando la respondas, porque los años te lo van a cobrar.

En pocas palabras, no quiero escuchar a alguien chillando de que no está seguro si ser actor o no. Sé que hoy me presento como alguien extremista, y muy hostil, pero es por este mismo cansancio que siento. Y el cansancio es provocado en efecto por compañeros que no están seguros de lo que están haciendo. ¡Mierda!, si no estás seguro de lo que haces, pregúntante qué rayos estás haciendo, por qué lo haces. Si no, todo lo que salga de ti será una repetida duda:

¿Dónde estoy?
¿Qué hago aquí?
¿Por qué quería hacer esto?

Sé firme en tus decisiones, emprende proyectos, corre riesgos; eso es todo lo que valdrá cuando estés en la morada de la muerte.

Que valga la pena hoy para que mañana puedas hacer otra cosa.


Sin más que decir, se sincera este escritor. Si les ha resultado ofensivo, adelante, pueden reclamarme por ello, pero (para su desgracia) mis cartas no son de autoayuda, tampoco de superación personal, por si alguna suena de esa forma. Creo que todos tienen la capacidad de atarse las agujetas con sus propias manos. Ah, y por si me van a salir con aquello de que “un manco no puede etc., etc, etc.”, déjenme decirles que hay mancos que tocan la guitarra, así que no me chinguen con eso.

Memoria

Alejandra Ríos González

Voy a empezar por la definición: La memoria es una función del cerebro que permite al organismo codificar, almacenar y recuperar la información del pasado. Algunas teorías afirman que surge como resultado de las conexiones sinápticas repetitivas entre las neuronas, lo que crea redes neuronales para… bla bla bla bla. Creo que es evidente que la definición anterior la obtuve de Wikipedia, pero ¿realmente es necesario definirla? ¿Qué tan bueno eres memorizando las cosas? ¿Qué métodos utilizas para reforzar tu memoria?

Respondiendo a la primera pregunta: de hecho, sí es necesario definirla, sólo que en esta ocasión haré hincapié en la parte de la definición que habla de RECUPERAR hechos pasados y dejaré a un lado todo lo que tenga que ver con las cuestiones químicas cerebrales.
Hay diferentes tipos de memoria:

Ø  Sensorial: nos ayuda a registrar, sólo por un corto tiempo, la información que captamos a través de nuestros sentidos.

Ø  A corto plazo: ¿Te acuerdas de Dori de Buscando a Nemo? Es un claro ejemplo de la falta de esta memoria, que capta la información  del medio que nos rodea. Sin embargo, la información así obtenida desaparece en menos de 45 segundos, a no ser que quieras recuperar el momento vivido; por ejemplo, ¿qué hacías antes de leer este articulo?

Ø  A  largo plazo: Es la  memoria más “fuerte” en cuestión de almacenamiento, ya que tiene una capacidad ilimitada  y de esta misma memoria se derivan otras 5 o 6, pero no ahondaré en ellas.
Durante las clases de actuación, estas tres memorias anteriores te van a ser muy útiles para desenvolverte bien como actor, pero… hay una en particular que te va a beneficiar mucho:

                     MEMORIA EMOCIONAL

¿Qué es esto? Según Stanislavski[1] esta memoria puede hacer revivir emociones ya experimentadas y, por supuesto, éstas se pueden obtener recurriendo a la memoria sensorial y a la de largo plazo.

Para poner en práctica esta memoria necesitas conocimiento interno de ti mismo, y también abrir tus canales sensoriales, para captar hasta el más mínimo detalle de las cosas que te rodean. ¿Ahorita en dónde éstas? ¿Qué sientes? ¿Hay alguien a tu lado? ¿Cómo crees que se siente? ¿Qué es lo que hace? Justo en este momento puedes hacer una cristalización de recuerdos  y sensaciones para que se queden grabadas en tu memoria emocional. 



[1] Konstantin Stanislavsky, actor, director y pedagogo ruso de finales del s. XIX y principios del XX. Revolucionó la concepción del actor y su arte; hoy día no es posible estudiar actuación sin tomar en cuenta sus enseñanzas. Es autor de “El Trabajo del Actor sobre sí mismo”, texto en dos tomos que abarcan la vivencia y la encarnación, respectivamente.

La tarea escénica


Alberto Meléndez

Todos hemos visto en teatro, cine, televisión (dibujos animados también), o inclusive entre las personas a nuestro alrededor, a individuos que hacen o dejan de hacer cosas, tan diversas como los individuos mismos, para lograr algo que quieren. A esto, a todo lo que realizan los personajes, se le llama tarea escénica.

Las tareas escénicas son todo aquello que un personaje va a realizar para poder llegar a un objetivo cierto, y éstas se dividen en dos categorías: Las tareas escénicas débiles y las tareas escénicas fuertes, que analizo brevemente a continuación.

1.-  Las Tareas Escénicas Débiles son, de cierto modo, las menos recomendables, pues su característica principal es que dependen de la voluntad del otro –personaje –para surtir efecto: Pensemos en una escena donde el personaje “A” quiere que el personaje “B” se quede en casa, cuando éste ya ha decidido irse. El personaje “A” puede pedirle al personaje “B” que se quede, pero para que la tarea escénica (pedir al otro que se quede) surta el efecto esperado, el personaje “B” tendrá que decidir hacerlo.

Esto no significa que las tareas escénicas débiles no tengan utilidad, puesto que es posible fortalecerlas mediante las emociones, y poniendo el mensaje que se espera transmitir al otro personaje en el subtexto en vez de en el texto (sólo en momentos climáticos el texto y el subtexto deben decir lo mismo) [1]. Regresando al ejemplo anterior, si el personaje “A”, al pedirle al personaje “B” que se quede, en lugar de pedírselo directamente, manda esto al subtexto diciéndole (por poner un ejemplo) “hoy es sábado”, y le imprime a este texto una emoción específica, el mensaje adquiere mucha mayor fuerza.

2.-  Las Tareas Escénicas Fuertes, al contrario de las débiles, no dependen de la voluntad del otro –personaje- para surtir su efecto. Retomando el mismo ejemplo, imaginemos ahora que en lugar de que “A” le pida a “B” que no se vaya (en cualquiera de las formas mencionadas anteriormente), “A” se acerca a “B” y lo toma de la muñeca con fuerza, impidiendo así su partida.  De esta manera, la tarea escénica cumple su función independientemente de que “B” quiera o no quedarse.



[1] Subtexto: Lo que el personaje quiere transmitir, pero que no dice con las palabras. Texto: Lo que el personaje dice con palabras.