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jueves, 4 de mayo de 2017

Lo que nunca debe olvidar el actor, I


Susana Cortés Hernández

Las últimas sesiones del seminario le hemos dedicado tiempo completo al proceso de montaje de la obra “Tres momentos hacia la esperanza”. La lectura del texto me permitió pensar detenidamente qué es lo que ocurre en un actor en estos primeros pasos del proceso, y qué nunca hay que pasar por alto para un buen trabajo en equipo, por lo que te presento algunos puntos que uno nunca debe olvidar en su quehacer actoral.

Concéntrate: Aunque pudiera parecer obvio, es una acción que a veces se pasa por alto. Concentrarte no sólo implica estar atento a lo que como actor estás haciendo, sino también en tus compañeros, incluso es un vehículo de la memoria que te ayudará a conectarte con la situación del personaje.

Escucha: No dejes de escuchar al director y a tus compañeros actores; ellos son tu guía en el proceso del montaje. Escuchar al otro siempre implica que hallarás coherencia con la situación y con el porqué de tus diálogos.

Percibe: Muy a menudo en el seminario hacemos hincapié en que “actuar de trata del otro” y así como uno mismo, como actor, es generador de estímulos para el otro; viéndolo de forma inversa, uno mismo también tiene que aprender a recibir lo que el otro manda, pues es un estímulo para conducir coherentemente el hilo situacional de la escena.


En el próximo número añadiré otras palabras clave. Espero que estás les sirvan como recordatorio y que lo pongan en práctica, por ustedes, por nosotros, por el quehacer actoral.

Calavera Literaria

Pepe Ortiz Lara.

Esto va dedicado, con todo respeto, a aquellos maestros, personal y compañeros de doblaje; sobre todo para aquellos que todavía andamos en el camino.

Un día la Catrina paseaba por Tenayuca,
pues un alarido llenaba su curiosidad;
un estremecimiento le recorría la nuca,
pues los alumnos de Klaus tomaban su clase con seriedad.

Horas después, un silencio la inquietaba
y para tratar de romperlo un fuerte grito soltaba,
pero desde un salón salía Olga con su voz poderosa,
a callar a esa calavera tan ruidosa.

Con sus huesitos temblorosos, se fue a sentar al rincón,
de pronto en una pequeña cabina algo llamó su atención;
no era precisamente el buen Daniel a quien buscaba ella,
era más bien una voz que la mandaba “al infinito y más allá”.

Finalmente, ya convencida la Catrina,
se fue a la oficina a preguntar si esto va en serio,
y a ésta le contestaron Aureliano, Olga y Cristina,

que no hay escuela de doblaje como ArtStudio.

El Arte de Improvisar

Marisol Valdez Hamed

La primera vez que improvisé fue en una audición para entrar a una incipiente compañía de teatro de mi localidad; no recuerdo con exactitud el ejercicio, pero seguramente se nos pedía discutir sobre algo. Si digo que lo hice mal, me quedo corta. La mente se me ponía en blanco, el cuerpo se me paralizaba y mis participaciones (las pocas que logré) se limitaban a balbucear monosílabos que no proponían ni llevaban a ningún lado.

Fue ahí donde me dijeron que no tenía lo que necesita para ser actriz, que definitivamente nunca podría estar sobre un escenario, y que siquiera plantearme la posibilidad de aspirar a aprender a actuar algún día era algo que estaba totalmente fuera de mi alcance.
Siete años después, sigo sin creer que la facilidad para improvisar sea un punto definitivo para decidir si alguien es buen actor o no; de ser así, muchos mentirosos deberían estar corriendo a dedicarse a la actuación como profesión. No obstante, sí considero que el aprender a improvisar da pie a ejercitar varias habilidades y generar herramientas que enriquecen nuestra capacidad de actuar.

En lo personal me sigue resultando difícil improvisar, mas puedo decir con gusto que a fuerza de mucha práctica, aunque siga sin ser mi actividad favorita, es algo que cada vez me resulta menos tortuoso. Dada mi experiencia haciendo y observando improvisaciones, estos son algunos consejos que creo que podrían resultar útiles.

Consejos para improvisar:

  1. Escuchar y comprender perfectamente las instrucciones del moderador.
  2. Tener claro el objetivo que te fue asignado a cumplir en el ejercicio.
  3. Relajarse y tener la mente abierta. Entre más libre te sientas al momento de entrar, las ideas llegarán de golpe, casi como por arte de magia.
  4. Evitar centrarse y limitarse a las palabras y darle más poder a las acciones. Buscar ser conciso.
  5. Evitar ciclarse tratando de alargar el conflicto. El éxito de un ejercicio no se mide por la duración del mismo.
  6. Aceptar las propuestas del otro, complementar, contribuir, aunque los objetivos sean contrarios, la historia la van construyendo ambos.
  7. Evitar buscar “ganar” ante todo o resistirse a “perder” cuando tu objetivo claramente se ha visto dominado por el del otro.
  8. Evitar el metajuego, es decir imponerle al otro tú versión de lo que está sucediendo para poder llevarle la contra.
  9. Aprovechar que la imaginación no tiene límites, en ese momento no eres tú, eres quien se necesite que seas.
  10. Escuchar, escuchar, escuchar, escuchar, escuchar…

Los Ejes en la Escena


Alberto Meléndez
Los ‘Ejes’ son una de tantas herramientas interpretativas con que cuenta el actor para dar veracidad y organicidad al personaje mediante la racionalización –como actor- de las acciones inconscientes que realiza (manifiesta) el personaje al desenvolverse en la escena. Éstos se dividen en: Eje de la Comunicación, Eje del Poder y Eje de la Acción.

Para que estos ejes permitan la organicidad no deben emplearse como simples herramientas técnicas de expresión por parte del actor, sino como manifestaciones externas de la interioridad del personaje que se despliegan necesariamente debido a la moral de éste. (Creación de personaje II y III).

Para entender esto de forma más sencilla, a continuación se presenta un gráfico donde “X” representa al Eje de la Comunicación, “Y” al Eje del Poder y “Z” al Eje de la Acción.




I. Eje de la Comunicación (X).
Este eje se forma de manera horizontal. Suele ser el más empleado, sobre todo por actores que apenas se encuentran en formación, aunque también es el menos recomendable, pues es extremadamente plástico (movimientos inorgánicos o no naturales).

II. Eje del Poder (Y).
Este segundo eje se da de forma vertical. Se le llama eje del poder puesto que, de acuerdo a la posición tanto física como escénica  del personaje, se puede conocer la condición… pues… de poder (sí, es la única palabra que se me ocurre) de éste con respecto a los otros personajes y con respecto a sí mismo (esto es, cómo se encuentra el personaje en su interioridad o cómo se percibe con respecto al mundo que lo rodea: pequeño, superior, etc.)

La interpretación de este eje se realiza en el personaje de dos maneras. Primero cuando se analiza su corporalidad junto con la corporalidad de los demás personajes en escena; por ejemplo, si nuestro sujeto de análisis se encuentra recto, sentado en el piso, jorobado, con la cabeza agachada, etc. Y segundo, se realiza según la posición que guarda el personaje en el espacio donde se desarrolla la escena, pues un estatus más alto se encuentra en el área del foro (arriba), y uno más bajo en el área de boca (abajo). Esto es más sencillo de entender con otro gráfico:



En pocas palabras, este eje nos dice el estatus que guarda el personaje en cada escena en que aparece.

III. Eje de la Acción.

Representado con la “Z” en la primera figura, este último eje funciona de forma transversal, pues representa el movimiento (desplazamiento) que tiene el actor en la escena. Al igual que el anterior, este eje nos permite conocer parte de la interioridad del personaje, ya que ésta va a definir si el sujeto se mueve o no, y en el caso de hacerlo, la dirección, forma, velocidad, etc.

La mortalidad del cangrejo que Supermán aplastó.


Der Carlos Nava Ortiz

I.
Tengo en mi colección una gran cantidad de recuerdos. Cada uno de ellos ha construido quien soy hoy. Han construido mis ideales y mis esperanzas, también mis miedos y mi dolor. Cada recuerdo tiene un lugar especial dentro de mí. Tienen sus propias habitaciones sin importar de qué clase sean. Los hay muy buenos, los hay muy malos pero esas categorías no alcanzan a definir lo que realmente son. Son espacios, páginas ya escritas; son lugares que ya visité y, aún más importante, son momentos que ya viví.

A veces me pregunto qué es la vida. Todo pasa demasiado rápido y, cuando menos nos damos cuenta, ya cruzamos la habitación de otro día, de otro año, de otra historia. A veces nos preguntamos por qué, en otras ocasiones ni siquiera lo hacemos; sólo seguimos avanzando. Seguimos y continuamos porque dentro de nosotros hay algo que nos está impulsando.

¿Será que la vida es sólo un momento en la historia de otro? ¿A caso la vida será sólo un instante del otro en nuestra historia?

La vida puede ser una canción, un libro, una ilusión, ¿será demasiado fatalista decir que lo que tienen en común todas esas posibilidades es que tienen un final? Es un camino de una sola vía. Comenzamos y tenemos que terminar, pues la eternidad es algo que no poseemos. Nuestra historia puede ser contada por generaciones. Puede ser contada por miles de personas, pero no creo que esa sea una eternidad, mucho menos una inmortalidad.

Con el paso de los años me he preguntado si alguien puede volverse inmortal. Al parecer, para muchos la eternidad se puede ganar a través del reconocimiento de otros. Se puede alcanzar si “creamos” para no ser olvidados. Nuestra historia puede vivir y continuar a través de otros.

¿La inmortalidad se puede alcanzar con la memoria?

Me pregunto entonces si nuestra mejor esperanza es convertirnos en un recuerdo. Pero mi problema aquí es que nos convertimos en un recuerdo, ¿para quiénes? Realmente será tan importante que nuestro nombre gane un valor después de que nos convirtamos en polvo. Nuestros restos servirán de comida para aquellas cosas que nos repugnan… ¿Es tan importante que nuestro nombre esté grabado en letras de oro bajo una estatua defecada por palomas?

¿A qué aspiramos hoy?

Los recuerdos no son eternos. Nuestro trabajo puede ser conservado por años, siglos, pero el deterioro es una realidad para todas las cosas existentes. El sol un día se apagará, tragándose a todo el sistema solar. Entonces, para ese día, ¿qué de nuestro trabajo podrá seguir siendo recordado?

Hay un imaginario alrededor de la existencia, es tan fuerte que buscamos la manera de seguir aquí. Algunos lo hacen de forma consciente, otros lo hacen sin siquiera darse cuenta de eso. “Habitar en la memoria de otro” parece ser el objetivo de cada una de nuestras acciones. Lo hacemos en cada momento sin siquiera prestar atención. Creamos un legado, el cual esperamos que rinda y alcance la mayor distancia posible.

“La vida es un lienzo gris con colores encima”.

No hay que ser un activista social, un revolucionario, un músico o un actor para crear un legado. Existir es lo único que se necesita. Nuestro legado se expresa en un lienzo, el cual hemos pintado a lo largo de nuestra vida. Cada sonrisa, lagrima, arruga y arrebato se ha inscrito en esa obra. Se ha convertido en un trazo, en una forma, en una nota, en un signo. Viajamos a través de ella y salimos para poder continuar dándole forma.

Es una obra que continúa y continúa hasta que le damos el último toque, cuando yacemos viendo al horizonte, al final de nuestros días. Nos despedimos junto con el atardecer del día, exponiendo por primera y última vez nuestro lienzo, eso en lo que por tanto tiempo hemos trabajado.

Sin embargo, nuestra alma escapa del cuerpo antes de poder escuchar la impresión del público. Nos despedimos de la vida con lo único que podemos obsequiarle. Decimos adiós a eso que nos permitió despertar cada mañana, levantarnos y dar todo de nosotros por una noche de descanso.

La vida es un lienzo gris, porque es solo un paso del tiempo. Sigue un orden, sigue una secuencia. Al nacer nuestro único destino es morir. Algunos podrán morir en una cama, otros lo harán sobre un rio de sangre. Otros podrán ver directamente las cuencas de la muerte, otros sólo ya no despertaran. Están los que son cazados, también los que son cultivados. Los que enferman y los que deciden, con sus propias manos, terminar el trabajo. Si lo vemos como una carretera, nuestro destino es el final de la misma. Vamos hacia ese punto y no podemos meter reversa para alejarnos de él.

La vida puede ser muy monótona, totalmente gris, pero aquí es donde juegan un papel los colores. Los colores los ponemos nosotros. Decidimos qué cosas cambiar, mejorar e inclusive empeorar. Decidimos saltar en paracaídas, correr maratones, enamorarnos, estudiar, conducir, cantar, tocar música, reparar cosas, limpiar las calles, adornar nuestras habitaciones, decidimos “actuar”. Cada día en el cual decidimos salir de la cama, es un momento en el cual rompemos la monotonía del mundo. Es un instante donde tomamos una brocha y pintamos de algún color nuestro espacio. Cada acción que tomamos sirve para darle un sentido a esa monotonía, y arrancarla de nuestro paso. Aquí es donde la vida se convierte en un espacio; uno en el cual podemos comenzar a existir y, de esa forma, uno en el cual podemos actuar.

Me es difícil creer que haya personas que decidan no pintar. Sé que es una posibilidad, ya que cualquiera puede abrazar esa cotidianidad tan naturalizada. Repetir una y otra vez la misma acción. Sé que es muy sencillo convertirse en un “hueco”, en un “caminante”. Pero ya antes he hablado de eso y en ocasiones realmente no se decide serlo; uno puede verse obligado a convertirse en uno de esos “caminantes”.

El mundo siempre está girando. Avanza y seguirá pasando mientras exista. Es una tontería pensar que se detendrá por nosotros. Él continuará su marcha, con nosotros en él o no. Me atrevo a decir que de eso se trata vivir: subirse al tren, y no quedarse en la estación observando cómo otros se van. Jugarse una posibilidad para alcanzar algo. Aventurarse a conocer nuevas cosas e intentarlas. El miedo siempre estará presente, pero: ¿De qué sirve vivir una vida con miedo? Cosas “malas” siempre pasan a nuestro alrededor y por ahora no se van a detener, seguirán pasando. Vivir siempre acogido por el seno de nuestra cotidianidad no ayuda en nada.

Todos son libres de jugar su papel en el mundo como les plazca; nadie tiene derecho a decirles cuál es la mejor forma de vivirlo. Eso me incluye. Gocen de eso que sólo nosotros como especie tenemos: Una decisión consciente de nuestras acciones. Gocen de esa capacidad que tenemos para sentir y razonar.

La mejor forma de decir esto es: pinta lo que tú más gustes. Hay una realidad allá afuera y es que no podremos evitar lastimar a otros; la cuestión es no hacerlo con dolo. Lo único que importa aquí, en el ahora y en este lugar, es que goces eso que te hace ser tú.

Sean buenas o malas experiencias, recuerdos gratos o desdichados, vívelos. Vive hoy que tienes este espacio para ser lo que tú quieres ser. Quien realmente eres y no lo que otros te imponen ser. Disfruta de la luz que llena hoy tu corazón, y las noches que te hacen desahogar tu angustia. Si te toca sufrir, aprende de eso y siéntelo. No cortes tus emociones, exprésalas, escríbelas, dilas y después levántate para continuar. Si te toca gozar, bueno, pues entonces no te tortures pensado que no te mereces esas sensaciones. No te castigues por sentir un orgasmo o porque algo te ha excitado.

Haz lo que te apasiona con amor, porque no hay que olvidar que amor y pasión son distintos. Si todo lo que haces lo haces con amor y das todo de ti por ello, eso hará que valga la pena. No necesariamente para otros, pero sí para ti mismo. Es nuestra vida. Es mi vida, es su vida, es tu vida.

Con todo lo anterior dicho podemos decir que el poder “trascender” por el trabajo que se ha hecho es un bonito sueño. Volvernos inmortales en la memoria de otros y eternos por nuestras obras es un ideal bastante interesante. Sería impresionante, definitivamente. Pero creo que es más interesante gozar todo lo que se pueda, en lo que vemos si alcanzamos ese sueño, que convertirnos en una estatua en medio de un parque; quizá eso ni siquiera haga que valga la pena haber vivido.

II.
Un espacio, eso es la vida. Uno en el cual tenemos la oportunidad de ser más de lo que soñamos. Mientras la lluvia cae y el mundo nos dice que jamás podremos hacer eso que amamos, nosotros nos levantamos como guerreros a demostrar que somos mucho más de lo que se ve a simple vista. Demostramos lo que somos a partir de nuestras peleas. Son constantes, duras y definitivamente dolorosas, pero eso es lo que nos permite ver si estamos dispuestos a seguir ese camino. Sí, lo seguiremos a pesar de todo lo que venga enfrente.

Con un espacio tan cambiante de forma, de tamaño y de lugar, nuestro miedo nos ciega ante lo que vale la pena seguir haciendo. De pronto queremos hacer infinidad de cosas; de esa forma podríamos mostrar lo que valemos. A esto me gustaría llamarle efecto Supermán.

¿Qué significa Supermán? Bueno, como todos saben este es un personaje de un comic de súper héroes. Supermán es un personaje tan querido como tan odiado, pero dejando de lado lo que implica dentro de un comic, pensemos lo que significa su nombre. Su identidad es sencilla, sólo quiere decir que es un súper hombre, uno que se oculta a plena vista. Es una forma de decir que cualquiera de nosotros puede serlo, sólo requiere un poco de valor para hacer lo correcto en el momento que sea necesario. Un trabajo como reportero de un diario es algo curioso, podemos pensar inclusive que implica el hecho de que debe haber un esfuerzo por buscar aquellas cosas que importan. Tal vez no destaque mucho tu trabajo en el tiempo, o tal vez sí, pero lo importante es el tiempo y el esfuerzo que dedicas a hacerlo.

¿Qué significa ser Supermán? En nuestra vida, todos podemos llegar a ser un Supermán; eso es una realidad, el problema es querer serlo. Supermán implica ser una persona que puede hacer todo. No necesita ayuda, es pleno porque su aparición representa la salvación de todos. Es luz total pues siempre está al servicio y disposición de otros.

El efecto Supermán del cual hablo es la necesidad de hacer todo. Es la necesidad de hacer que esa vida valga la pena a través de mucho, mucho trabajo. Es asumir la responsabilidad de todo sin importar si se puede llevar a cabo la tarea o no. Esto es un problema.

Por desgracia, nosotros no somos personas con súper habilidades. De nada sirve comprometernos a hacer trabajos que no podemos hacer, sólo por comprometernos. Perdemos concentración, la angustia nos comienza invadir. La desesperación se vuelve nuestra fiel compañera y no nos suelta. Por un lado ya tienes un trabajo; por el otro, tienes que complacer la petición de una persona. Tratas de resolver eso mientras tienes que salir a comprar cosas que te pidieron, pero no te puedes tardar mucho porque tienes una cita a la 1 con otra persona para trabajar en un proyecto, del cual tienes que salir temprano porque también has quedado de visitar a un viejo compañero; no puedes dormirte temprano porque hay pendientes que entregar para el día siguiente, etc.

Hacer muchas cosas, y tratar de resolverlas todas de un momento a otro, no permite que las hagas bien. He de admitir que no soy fan de la frase: Quien sirve a dos amos, a uno le queda mal. No me es funcional porque yo pienso que sí se puede lograr lidiar con eso y se puede hacer las cosas más o menos bien, pero ese es el punto. Aún cuando uno pueda lidiar con esa exorbitante cantidad de pendientes, eso no implica que uno pueda rendir igual en cada uno de ellos. Aquí aplica la frase maestro en todo, experto en nada. Realizar algo, lo cual se ama y se quiere poder hacer bien, implica total dedicación a ello. Implica trabajar de forma constante día tras día en eso que se quiere hacer. Jugar a ser Supermán con otras actividades no permite que haya esa dedicación. Por lo tanto, por más que ames eso que deseas, jamás podrás hacerlo bien. Siempre se estará en una especie de limbo, uno del que no se puede salir por los límites que se han puesto al sólo quedarse con lo suficiente.

Decir que algo es suficiente no es bueno ni malo. Lo que sí es un tanto triste es quedarse con un poco cuando se tiene la posibilidad de hacer mucho más: Los que sólo aprenden a tocar acordes en lugar de también trabajar en aprender a leer partituras.

Ser actor implica vivir, tener experiencias, observar y escuchar. Ese es el material que tenemos para trabajar, son nuestras herramientas: nuestra vida y la de otros.

Nuestras herramientas, como actores, surgen de nosotros, de nuestra imaginación, pero honestamente dudo que alguien piense o se pregunte: ¿Cómo funciona nuestra imaginación? Algunas personas afirman que la imaginación es alimentada por recuerdos, ya que se les hace difícil salir de los bucles de lo que es “la realidad”. Afirman que la imaginación sólo son fantasías construidas a partir de ideas del deseo.

«Una persona, después de un largo día de trabajo, está guardando sus cosas para ir a casa. Mientras lo hace, sonríe ligeramente pues el sueño no le permite hacerlo de forma exagerada. Él sabe que mañana inician sus vacaciones. Comienza a imaginar una playa, con una refrescante briza. Se siente emocionado pues a su lado ve una buena cerveza fría para disfrutar el calor.»

Para algunas personas, lo anterior es imaginación, pero esto claro es a partir de cierta edad.

«Mientras una madre está lavando los platos, su hijo de 8 años está corriendo de la sala a la cocina una y otra vez. Mientras lo hace, salta, grita, habla, se agacha, patea. Él no está viendo que hay una cocina y una sala, él está en medio de un gran pasillo siendo perseguido por unas extrañas criaturas. Son muy altas, sin brazos. Sus cuerpos son muy delgados y de su pecho salen lo que parece ser tentáculos. Todos ellos están conectados a lo que parece ser un cubo robótico lleno de luz. Él niño está peleando con ellos y para eso utiliza un símbolo que le permite crear puertas a otras salas. Cuando está a salvo comienza a recitar una especie de ritual que le permite transformarse en una especie de cyborg con cañones en las manos y visión en forma de radar.»

En estos dos ejemplos es claro que el contexto determina qué tipo de pensamiento se va a tener, pero ese no es el punto.

Imaginación es la posibilidad de crear un mundo. Puede estar muy apegado a la realidad o muy distanciado, eso no importa. Lo que sí es relevante es que en la imaginación hay posibilidad, siempre.
Un actor debe tener la responsabilidad de una persona adulta, pero la imaginación de un niño. Tiene que estar dispuesto a pensar en esas muchas posibilidades, pues sólo de esa forma pueden volverse reales. No se puede limitar a sólo un conjunto de probabilidades, tiene que ser capaz de ir más allá.

Todo esto sólo se logra a partir de la escucha, la observación y el estudio. Es más que claro que hay cosas que no podemos vivir. Siempre escuchamos el ejemplo de que el hecho de interpretar a un asesino no significa que tenemos que ir a matar a alguien para comprender qué se siente serlo. Este ejemplo es de oro, de plata y de diamante. Implica que uno tiene que estar consciente y comprender  cada una de sus emociones y sensaciones. Implica que uno tenga en un cierto orden sus recuerdos para que de esta forma se conviertan en una suerte de ingredientes para crear un personaje.

Cuando se estudia al personaje, se ve parte de su ayer, una gran medida del ahora y conocemos su mañana. Podemos comenzar a entender qué es lo que pasa por su mente, cómo lo siente, y por qué lo hace de esa forma; qué quiere y de qué forma piensa conseguirlo. En ese momento, todas nuestras herramientas, que ahora son ingredientes, se comienzan a colocar en un caldero para poder darle sustancia al personaje. A esa mezcla se le comienza a dar forma con otras de nuestras herramientas, como la técnica, y de esa manera, podremos colocar a nuestro personaje dentro de esa realidad llamada: “escena
Así funciona el trabajo del actor.

Implica:
    a) Decisión
    b) Compromiso
    c) Disciplina
    d) Escucha
    e) Observación
    f) Estudio
    g) Respeto
    h) Relacionarse
    i) Pelear
    j) Levantarse
    k) Conocerse
    l) Salir
    m) Y vivir

Cada quien es libre de agregar a esa lista lo que crea que falta.

Si se quiere ser actor uno tiene que ver más allá de lo que se le ha dicho y lo que ya se le ha enseñado. Tiene que haber esa capacidad para comprometerse y dejar de jugar a ser Supermán. Sólo de esta forma, se podrá dar un pequeño paso a todo lo que implica el arduo trabajo del actor.