Marisol Valdez Hamed
La primera vez que improvisé fue en una audición para
entrar a una incipiente compañía de teatro de mi localidad; no recuerdo con
exactitud el ejercicio, pero seguramente se nos pedía discutir sobre algo. Si
digo que lo hice mal, me quedo corta. La mente se me ponía en blanco, el cuerpo
se me paralizaba y mis participaciones (las pocas que logré) se limitaban a
balbucear monosílabos que no proponían ni llevaban a ningún lado.
Fue ahí donde me dijeron que no tenía lo que necesita
para ser actriz, que definitivamente nunca podría estar sobre un escenario, y
que siquiera plantearme la posibilidad de aspirar a aprender a actuar algún día
era algo que estaba totalmente fuera de mi alcance.
Siete años después, sigo sin creer que la facilidad para
improvisar sea un punto definitivo para decidir si alguien es buen actor o no;
de ser así, muchos mentirosos deberían estar corriendo a dedicarse a la
actuación como profesión. No obstante, sí considero que el aprender a
improvisar da pie a ejercitar varias habilidades y generar herramientas que
enriquecen nuestra capacidad de actuar.
En lo personal me sigue resultando difícil improvisar,
mas puedo decir con gusto que a fuerza de mucha práctica, aunque siga sin ser
mi actividad favorita, es algo que cada vez me resulta menos tortuoso. Dada mi
experiencia haciendo y observando improvisaciones, estos son algunos consejos
que creo que podrían resultar útiles.
Consejos para improvisar:
- Escuchar y comprender perfectamente las
instrucciones del moderador.
- Tener claro el objetivo que te fue asignado a
cumplir en el ejercicio.
- Relajarse y tener la mente abierta. Entre más
libre te sientas al momento de entrar, las ideas llegarán de golpe, casi
como por arte de magia.
- Evitar centrarse y limitarse a las palabras y
darle más poder a las acciones. Buscar ser conciso.
- Evitar ciclarse tratando de alargar el conflicto.
El éxito de un ejercicio no se mide por la duración del mismo.
- Aceptar las propuestas del otro, complementar,
contribuir, aunque los objetivos sean contrarios, la historia la van
construyendo ambos.
- Evitar buscar “ganar” ante todo o resistirse a
“perder” cuando tu objetivo claramente se ha visto dominado por el del
otro.
- Evitar el metajuego, es decir imponerle al otro
tú versión de lo que está sucediendo para poder llevarle la contra.
- Aprovechar que la imaginación no tiene límites,
en ese momento no eres tú, eres quien se necesite que seas.
- Escuchar, escuchar, escuchar, escuchar, escuchar…
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