Der Carlos Nava Ortiz
I.
Tengo en mi
colección una gran cantidad de recuerdos. Cada uno de ellos ha construido quien
soy hoy. Han construido mis ideales y mis esperanzas, también mis miedos y mi
dolor. Cada recuerdo tiene un lugar especial dentro de mí. Tienen sus propias
habitaciones sin importar de qué clase sean. Los hay muy buenos, los hay muy
malos pero esas categorías no alcanzan a definir lo que realmente son. Son
espacios, páginas ya escritas; son lugares que ya visité y, aún más importante,
son momentos que ya viví.
A veces me
pregunto qué es la vida. Todo pasa demasiado rápido y, cuando menos nos damos
cuenta, ya cruzamos la habitación de otro día, de otro año, de otra historia. A
veces nos preguntamos por qué, en otras ocasiones ni siquiera lo hacemos; sólo
seguimos avanzando. Seguimos y continuamos porque dentro de nosotros hay algo
que nos está impulsando.
¿Será que
la vida es sólo un momento en la historia de otro? ¿A caso la vida será sólo un
instante del otro en nuestra historia?
La vida
puede ser una canción, un libro, una ilusión, ¿será demasiado fatalista decir
que lo que tienen en común todas esas posibilidades es que tienen un final? Es
un camino de una sola vía. Comenzamos y tenemos que terminar, pues la eternidad
es algo que no poseemos. Nuestra historia puede ser contada por generaciones.
Puede ser contada por miles de personas, pero no creo que esa sea una eternidad,
mucho menos una inmortalidad.
Con el paso
de los años me he preguntado si alguien puede volverse inmortal. Al parecer,
para muchos la eternidad se puede ganar a través del reconocimiento de otros.
Se puede alcanzar si “creamos” para no ser olvidados. Nuestra historia puede
vivir y continuar a través de otros.
¿La
inmortalidad se puede alcanzar con la memoria?
Me pregunto
entonces si nuestra mejor esperanza es convertirnos en un recuerdo. Pero mi
problema aquí es que nos convertimos en un recuerdo, ¿para quiénes? Realmente
será tan importante que nuestro nombre gane un valor después de que nos
convirtamos en polvo. Nuestros restos servirán de comida para aquellas cosas
que nos repugnan… ¿Es tan importante que nuestro nombre esté grabado en letras
de oro bajo una estatua defecada por palomas?
¿A qué
aspiramos hoy?
Los
recuerdos no son eternos. Nuestro trabajo puede ser conservado por años,
siglos, pero el deterioro es una realidad para todas las cosas existentes. El
sol un día se apagará, tragándose a todo el sistema solar. Entonces, para ese
día, ¿qué de nuestro trabajo podrá seguir siendo recordado?
Hay un
imaginario alrededor de la existencia, es tan fuerte que buscamos la manera de
seguir aquí. Algunos lo hacen de forma consciente, otros lo hacen sin siquiera
darse cuenta de eso. “Habitar en la memoria de otro” parece ser el objetivo de
cada una de nuestras acciones. Lo hacemos en cada momento sin siquiera prestar
atención. Creamos un legado, el cual esperamos que rinda y alcance la mayor
distancia posible.
“La vida es
un lienzo gris con colores encima”.
No hay que
ser un activista social, un revolucionario, un músico o un actor para crear un
legado. Existir es lo único que se necesita. Nuestro legado se expresa en un
lienzo, el cual hemos pintado a lo largo de nuestra vida. Cada sonrisa,
lagrima, arruga y arrebato se ha inscrito en esa obra. Se ha convertido en un
trazo, en una forma, en una nota, en un signo. Viajamos a través de ella y
salimos para poder continuar dándole forma.
Es una obra
que continúa y continúa hasta que le damos el último toque, cuando yacemos
viendo al horizonte, al final de nuestros días. Nos despedimos junto con el
atardecer del día, exponiendo por primera y última vez nuestro lienzo, eso en
lo que por tanto tiempo hemos trabajado.
Sin
embargo, nuestra alma escapa del cuerpo antes de poder escuchar la impresión
del público. Nos despedimos de la vida con lo único que podemos obsequiarle.
Decimos adiós a eso que nos permitió despertar cada mañana, levantarnos y dar
todo de nosotros por una noche de descanso.
La vida es
un lienzo gris, porque es solo un paso del tiempo. Sigue un orden, sigue una
secuencia. Al nacer nuestro único destino es morir. Algunos podrán morir en una
cama, otros lo harán sobre un rio de sangre. Otros podrán ver directamente las
cuencas de la muerte, otros sólo ya no despertaran. Están los que son cazados,
también los que son cultivados. Los que enferman y los que deciden, con sus
propias manos, terminar el trabajo. Si lo vemos como una carretera, nuestro
destino es el final de la misma. Vamos hacia ese punto y no podemos meter reversa
para alejarnos de él.
La vida
puede ser muy monótona, totalmente gris, pero aquí es donde juegan un papel los
colores. Los colores los ponemos nosotros. Decidimos qué cosas cambiar, mejorar
e inclusive empeorar. Decidimos saltar en paracaídas, correr maratones,
enamorarnos, estudiar, conducir, cantar, tocar música, reparar cosas, limpiar
las calles, adornar nuestras habitaciones, decidimos “actuar”. Cada día en el
cual decidimos salir de la cama, es un momento en el cual rompemos la monotonía
del mundo. Es un instante donde tomamos una brocha y pintamos de algún color
nuestro espacio. Cada acción que tomamos sirve para darle un sentido a esa
monotonía, y arrancarla de nuestro paso. Aquí es donde la vida se convierte en
un espacio; uno en el cual podemos comenzar a existir y, de esa forma, uno en
el cual podemos actuar.
Me es
difícil creer que haya personas que decidan no pintar. Sé que es una
posibilidad, ya que cualquiera puede abrazar esa cotidianidad tan naturalizada.
Repetir una y otra vez la misma acción. Sé que es muy sencillo convertirse en
un “hueco”, en un “caminante”. Pero ya antes he hablado de eso y en ocasiones realmente
no se decide serlo; uno puede verse obligado a convertirse en uno de esos
“caminantes”.
El mundo
siempre está girando. Avanza y seguirá pasando mientras exista. Es una tontería
pensar que se detendrá por nosotros. Él continuará su marcha, con nosotros en
él o no. Me atrevo a decir que de eso se trata vivir: subirse al tren, y no
quedarse en la estación observando cómo otros se van. Jugarse una posibilidad
para alcanzar algo. Aventurarse a conocer nuevas cosas e intentarlas. El miedo
siempre estará presente, pero: ¿De qué sirve vivir una vida con miedo? Cosas
“malas” siempre pasan a nuestro alrededor y por ahora no se van a detener,
seguirán pasando. Vivir siempre acogido por el seno de nuestra cotidianidad no
ayuda en nada.
Todos son
libres de jugar su papel en el mundo como les plazca; nadie tiene derecho a
decirles cuál es la mejor forma de vivirlo. Eso me incluye. Gocen de eso que sólo
nosotros como especie tenemos: Una decisión consciente de nuestras acciones.
Gocen de esa capacidad que tenemos para sentir y razonar.
La mejor
forma de decir esto es: pinta lo que tú más gustes. Hay una realidad allá
afuera y es que no podremos evitar lastimar a otros; la cuestión es no hacerlo
con dolo. Lo único que importa aquí, en el ahora y en este lugar, es que goces
eso que te hace ser tú.
Sean buenas
o malas experiencias, recuerdos gratos o desdichados, vívelos. Vive hoy que
tienes este espacio para ser lo que tú quieres ser. Quien realmente eres y no
lo que otros te imponen ser. Disfruta de la luz que llena hoy tu corazón, y las
noches que te hacen desahogar tu angustia. Si te toca sufrir, aprende de eso y
siéntelo. No cortes tus emociones, exprésalas, escríbelas, dilas y después
levántate para continuar. Si te toca gozar, bueno, pues entonces no te tortures
pensado que no te mereces esas sensaciones. No te castigues por sentir un
orgasmo o porque algo te ha excitado.
Haz lo que
te apasiona con amor, porque no hay que olvidar que amor y pasión son
distintos. Si todo lo que haces lo haces con amor y das todo de ti por ello, eso
hará que valga la pena. No necesariamente para otros, pero sí para ti mismo. Es
nuestra vida. Es mi vida, es su vida, es tu vida.
Con todo lo
anterior dicho podemos decir que el poder “trascender” por el trabajo que se ha
hecho es un bonito sueño. Volvernos inmortales en la memoria de otros y eternos
por nuestras obras es un ideal bastante interesante. Sería impresionante,
definitivamente. Pero creo que es más interesante gozar todo lo que se pueda,
en lo que vemos si alcanzamos ese sueño, que convertirnos en una estatua en
medio de un parque; quizá eso ni siquiera haga que valga la pena haber vivido.
II.
Un espacio,
eso es la vida. Uno en el cual tenemos la oportunidad de ser más de lo que
soñamos. Mientras la lluvia cae y el mundo nos dice que jamás podremos hacer
eso que amamos, nosotros nos levantamos como guerreros a demostrar que somos
mucho más de lo que se ve a simple vista. Demostramos lo que somos a partir de
nuestras peleas. Son constantes, duras y definitivamente dolorosas, pero eso es
lo que nos permite ver si estamos dispuestos a seguir ese camino. Sí, lo
seguiremos a pesar de todo lo que venga enfrente.
Con un
espacio tan cambiante de forma, de tamaño y de lugar, nuestro miedo nos ciega
ante lo que vale la pena seguir haciendo. De pronto queremos hacer infinidad de
cosas; de esa forma podríamos mostrar lo que valemos. A esto me gustaría
llamarle efecto Supermán.
¿Qué significa
Supermán? Bueno, como todos saben este es un personaje de un comic de súper
héroes. Supermán es un personaje tan querido como tan odiado, pero dejando de
lado lo que implica dentro de un comic, pensemos lo que significa su nombre. Su
identidad es sencilla, sólo quiere decir que es un súper hombre, uno que se
oculta a plena vista. Es una forma de decir que cualquiera de nosotros puede
serlo, sólo requiere un poco de valor para hacer lo correcto en el momento que
sea necesario. Un trabajo como reportero de un diario es algo curioso, podemos
pensar inclusive que implica el hecho de que debe haber un esfuerzo por buscar
aquellas cosas que importan. Tal vez no destaque mucho tu trabajo en el tiempo,
o tal vez sí, pero lo importante es el tiempo y el esfuerzo que dedicas a
hacerlo.
¿Qué
significa ser Supermán? En nuestra vida, todos podemos llegar a ser un
Supermán; eso es una realidad, el problema es querer serlo. Supermán implica
ser una persona que puede hacer todo. No necesita ayuda, es pleno porque su
aparición representa la salvación de todos. Es luz total pues siempre está al
servicio y disposición de otros.
El efecto
Supermán del cual hablo es la necesidad de hacer todo. Es la necesidad de hacer
que esa vida valga la pena a través de mucho, mucho trabajo. Es asumir la
responsabilidad de todo sin importar si se puede llevar a cabo la tarea o no.
Esto es un problema.
Por
desgracia, nosotros no somos personas con súper habilidades. De nada
sirve comprometernos a hacer trabajos que no podemos hacer, sólo por
comprometernos. Perdemos concentración, la angustia nos comienza invadir. La
desesperación se vuelve nuestra fiel compañera y no nos suelta. Por un lado ya
tienes un trabajo; por el otro, tienes que complacer la petición de una
persona. Tratas de resolver eso mientras tienes que salir a comprar cosas que
te pidieron, pero no te puedes tardar mucho porque tienes una cita a la 1 con
otra persona para trabajar en un proyecto, del cual tienes que salir temprano
porque también has quedado de visitar a un viejo compañero; no puedes dormirte
temprano porque hay pendientes que entregar para el día siguiente, etc.
Hacer
muchas cosas, y tratar de resolverlas todas de un momento a otro, no permite
que las hagas bien. He de admitir que no soy fan de la frase: Quien sirve a
dos amos, a uno le queda mal. No me es funcional porque yo pienso que sí se
puede lograr lidiar con eso y se puede hacer las cosas más o menos bien,
pero ese es el punto. Aún cuando uno pueda lidiar con esa exorbitante cantidad
de pendientes, eso no implica que uno pueda rendir igual en cada uno de ellos.
Aquí aplica la frase maestro en todo, experto en nada. Realizar algo, lo
cual se ama y se quiere poder hacer bien, implica total dedicación a ello.
Implica trabajar de forma constante día tras día en eso que se quiere hacer.
Jugar a ser Supermán con otras actividades no permite que haya esa dedicación.
Por lo tanto, por más que ames eso que deseas, jamás podrás hacerlo bien.
Siempre se estará en una especie de limbo, uno del que no se puede salir por
los límites que se han puesto al sólo quedarse con lo suficiente.
Decir que
algo es suficiente no es bueno ni malo. Lo que sí es un tanto triste es
quedarse con un poco cuando se tiene la posibilidad de hacer mucho más: Los que
sólo aprenden a tocar acordes en lugar de también trabajar en aprender a leer
partituras.
Ser actor
implica vivir, tener experiencias, observar y escuchar. Ese es el material que
tenemos para trabajar, son nuestras herramientas: nuestra vida y la de otros.
Nuestras
herramientas, como actores, surgen de nosotros, de nuestra imaginación, pero
honestamente dudo que alguien piense o se pregunte: ¿Cómo funciona nuestra
imaginación? Algunas personas afirman que la imaginación es alimentada por
recuerdos, ya que se les hace difícil salir de los bucles de lo que es “la
realidad”. Afirman que la imaginación sólo son fantasías construidas a partir
de ideas del deseo.
«Una
persona, después de un largo día de trabajo, está guardando sus cosas para ir a
casa. Mientras lo hace, sonríe ligeramente pues el sueño no le permite hacerlo
de forma exagerada. Él sabe que mañana inician sus vacaciones. Comienza a
imaginar una playa, con una refrescante briza. Se siente emocionado pues a su
lado ve una buena cerveza fría para disfrutar el calor.»
Para
algunas personas, lo anterior es imaginación, pero esto claro es a partir de
cierta edad.
«Mientras
una madre está lavando los platos, su hijo de 8 años está corriendo de la sala
a la cocina una y otra vez. Mientras lo hace, salta, grita, habla, se agacha,
patea. Él no está viendo que hay una cocina y una sala, él está en medio de un
gran pasillo siendo perseguido por unas extrañas criaturas. Son muy altas, sin
brazos. Sus cuerpos son muy delgados y de su pecho salen lo que parece ser
tentáculos. Todos ellos están conectados a lo que parece ser un cubo robótico
lleno de luz. Él niño está peleando con ellos y para eso utiliza un símbolo que
le permite crear puertas a otras salas. Cuando está a salvo comienza a recitar
una especie de ritual que le permite transformarse en una especie de cyborg con
cañones en las manos y visión en forma de radar.»
En estos
dos ejemplos es claro que el contexto determina qué tipo de pensamiento se va a
tener, pero ese no es el punto.
Imaginación
es la posibilidad de crear un mundo. Puede estar muy apegado a la realidad o
muy distanciado, eso no importa. Lo que sí es relevante es que en la
imaginación hay posibilidad, siempre.
Un actor
debe tener la responsabilidad de una persona adulta, pero la imaginación de un
niño. Tiene que estar dispuesto a pensar en esas muchas posibilidades, pues sólo
de esa forma pueden volverse reales. No se puede limitar a sólo un conjunto de
probabilidades, tiene que ser capaz de ir más allá.
Todo esto
sólo se logra a partir de la escucha, la observación y el estudio.
Es más que claro que hay cosas que no podemos vivir. Siempre escuchamos el
ejemplo de que el hecho de interpretar a un asesino no significa que tenemos
que ir a matar a alguien para comprender qué se siente serlo. Este ejemplo es
de oro, de plata y de diamante. Implica que uno tiene que estar consciente y
comprender cada una de sus emociones y
sensaciones. Implica que uno tenga en un cierto orden sus recuerdos para que de
esta forma se conviertan en una suerte de ingredientes para crear un personaje.
Cuando se
estudia al personaje, se ve parte de su ayer, una gran medida del ahora y
conocemos su mañana. Podemos comenzar a entender qué es lo que pasa por su
mente, cómo lo siente, y por qué lo hace de esa forma; qué quiere y de qué
forma piensa conseguirlo. En ese momento, todas nuestras herramientas, que
ahora son ingredientes, se comienzan a colocar en un caldero para poder darle
sustancia al personaje. A esa mezcla se le comienza a dar forma con otras de
nuestras herramientas, como la técnica, y de esa manera, podremos colocar a
nuestro personaje dentro de esa realidad llamada: “escena”
Así
funciona el trabajo del actor.
Implica:
a)
Decisión
b)
Compromiso
c)
Disciplina
d)
Escucha
e)
Observación
f)
Estudio
g)
Respeto
h)
Relacionarse
i)
Pelear
j)
Levantarse
k)
Conocerse
l)
Salir
m)
Y vivir
Cada quien
es libre de agregar a esa lista lo que crea que falta.
Si se
quiere ser actor uno tiene que ver más allá de lo que se le ha dicho y lo que
ya se le ha enseñado. Tiene que haber esa capacidad para comprometerse y dejar
de jugar a ser Supermán. Sólo de esta forma, se podrá dar un pequeño paso a
todo lo que implica el arduo trabajo del actor.
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