jueves, 4 de mayo de 2017

Con toda sinceridad, de su estimado escritor.


Der Carlos Nava Ortiz

A veces me es difícil escribir. Me gustaría no ser repetitivo, por eso trato de darle giros a estos párrafos que con mucha ilusión escribo para ustedes. En ocasiones se me han ido acentos, comas, puntos y me encantaría justificarme diciendo que es una pequeña trampa que tengo para ustedes. Una disculpa si en algún momento han sentido que me dirijo a alguien en específico; juro que mi intención es hablarles de la manera más amena posible. Me gustaría poder decir que todo el tiempo tengo algo nuevo que escribir y que contarles. Por desgracia, no es así.

Cada cosa que escribo, cada palabra, punto, oración o letra tiene una razón de estar en papel. Expreso mi frustración, mis deseos y también mis inquietudes. Sería falso afirmar que lo que escribo es para todos; no es así. Cada uno de mis textos es para alguien en concreto, los hago pensando en alguien y por esta razón lamento si a veces es muy notorio. No es que no quiera hablarle a todos, pero creo que si lo hiciera entraría en un juego enfermizo por buscar su aprobación.

Sé que soy muy directo. Soy como un clavo que se encaja en las corneas de los ojos. Comprendo que algunos sientan que mis dedos se burlan con cada entonación de mis preguntas. Soy directo, cuando no hay necesidad de serlo, por eso puede haber cierta brusquedad en mis intenciones. También reconozco que en los momentos de crísis, soy una persona que divaga mucho. En el momento de puntualizar algo, no lo hago. Comienzo a perderme en un bosque, al cálido abrigo de la noche, sólo para encontrarme con extraños seres perdiéndose en la locura de mis palabras.

Hoy lanzo una pregunta al aire, esperando que un iluminado ser me responda: ¿soy un sordo hablando a sordos?

Me siento cansado, de verdad fastidiado. Quisiera poder conservar un poco de ese entusiasmo que siempre trato de impregnar en estas cartas que hago día tras día. No sé si alguno se habrá dado cuenta ya, pero todo este conjunto de letras escritas con un ordenador son nada menos  que cartas.

Cartas, como dije al inicio, dirigidas a personas específicas, pero que de alguna manera tuerzo para que aquellos que se atrevan a leerlas encuentren algo que les sirva de herramienta para seguir trabajando por aquello que esperan lograr.

A estas alturas no sé si alguien continúa la lectura, pues en un discurso tan aberrante como este, es difícil conservar un poco de interés. Hay quienes optan por cegarse a la verdad, puede que sea relevante para ustedes o no, pero ese mismo conflicto es lo que ya me tiene cansado.

Me gustaría pedir una disculpa si se han sentido atacados en algún momento. Quisiera decirles cuánto lamento si los he ofendido, o criticado, o si fuese el cazo, haberlos juzgado con la vara de mi experiencia. Pero no será así.

No tengo porque pedirles disculpas ¿Quieren saber por qué? Porque todas esas cartas que se repiten una y otra vez son desafíos para aquellos que están trabajando en esto ¿Quieren que les hable bonito? Compren un libro de autoayuda, seguramente les hace falta para sentirse comprendidos.

Estoy cansado; no de escribir, claro está, porque si fuera así no lo estaría haciendo. No, estoy cansado de esa maldita comodidad que algunos viven. Estoy arto de ver cómo a algunos sin el mayor esfuerzo tienen las puertas abiertas a cualquier mierda que se les ocurra. Fastidiado de ver cómo algunos se están matando por alcanzar lo que quieren y sólo les llega una pizca de su anhelo. Mientras que otros sólo extienden la mano esperando que todo les llegue.

¡Carajo, entiendan! La vida no es gratis. Tienen que moverse, maldita sea, para alcanzar aquello por lo que tanto lloran. Las cosas se ganan. Para llevar este estilo de vida deben tener la madurez de aceptar sus errores, y la responsabilidad para trabajar en lo que ya se comprometieron.

Ahora, en honor a la verdad, también me gustaría no estar dentro de este sermón, porque para poder a hablarle así a alguien, uno tiene que verse en el espejo y ver lo que está haciendo.

Comodidad, lo que muchos buscan. Entiendo que, para muchos, aprender a hacer algo es más que suficiente. Saben hacer lo necesario de algo y ya no requieren hacer otra cosa más que repetir una y otra vez lo que ya saben hacer. Qué lastima.

La vida requiere riesgos. Adelante, sigan repitiendo eso que ya saben hacer, puede que lleguen lejos. Yo no lo creo, pero si a ustedes les sirve, qué bueno.

¡No intenten cosas nuevas, eso es para tontos (la palabra más suave hasta ahora en este texto)! ¡Bah! Hagan las cosas, acepten desafíos, tomen las riendas de su vida. Arriésguense a hacer cosas que nunca han hecho antes. Así es la actuación. Pueden ser buenos en un personaje, pero no harán mucho si sólo se quedan atrapados en él.

No se queden estancados. Pónganse desafíos, retos, hagan cosas nuevas. Si se quedan en el intento, sólo será una forma sencilla de justificar su miedo, de justificar el hecho de que no hayan hecho algo más.

Hoy, si es que llegaron a este punto de la carta, tomaron el riesgo de seguir leyendo. Si están leyendo esto, es porque ya tomaron el desafío que implica ser un actor. Pues ahora es tiempo de que asuman el compromiso que sus decisiones les han dado.

Dejemos de “jugar” a ser actores, seamos actores. Bajemos de la butaca para subirnos al escenario, como dice Olga. Sé que es difícil, pero alguien dígame: ¿Qué acaso las cosas que valen la pena no son difíciles? A mi gusto, así es, las cosas que valen la pena conllevan su sacrificio. La vida no es gratis, no seamos ingenuos y, por supuesto, luchemos por lo que vale la pena. Si hoy en ti nace la pregunta “¿De verdad quiero ser actor?”, ojalá seas honesto cuando la respondas, porque los años te lo van a cobrar.

En pocas palabras, no quiero escuchar a alguien chillando de que no está seguro si ser actor o no. Sé que hoy me presento como alguien extremista, y muy hostil, pero es por este mismo cansancio que siento. Y el cansancio es provocado en efecto por compañeros que no están seguros de lo que están haciendo. ¡Mierda!, si no estás seguro de lo que haces, pregúntante qué rayos estás haciendo, por qué lo haces. Si no, todo lo que salga de ti será una repetida duda:

¿Dónde estoy?
¿Qué hago aquí?
¿Por qué quería hacer esto?

Sé firme en tus decisiones, emprende proyectos, corre riesgos; eso es todo lo que valdrá cuando estés en la morada de la muerte.

Que valga la pena hoy para que mañana puedas hacer otra cosa.


Sin más que decir, se sincera este escritor. Si les ha resultado ofensivo, adelante, pueden reclamarme por ello, pero (para su desgracia) mis cartas no son de autoayuda, tampoco de superación personal, por si alguna suena de esa forma. Creo que todos tienen la capacidad de atarse las agujetas con sus propias manos. Ah, y por si me van a salir con aquello de que “un manco no puede etc., etc, etc.”, déjenme decirles que hay mancos que tocan la guitarra, así que no me chinguen con eso.

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