Carlos Miguel Nava Ortiz
Cuando amas algo te entregas, dedicas horas
de esfuerzo para ver tus proyectos salir adelante. No importa cuánta cafeína
tengas que tomar, pues las horas de sueño ya las recuperarás en otro momento.
Cada segundo que dedicas a eso que es tan importante para ti, es un segundo que
padeces, lloras, ríes y te llena de emoción. La incertidumbre es grande… y con
más razón estás trabajando para levantar el velo que está sobre eso que
anhelas; cada día, todos los días.
A veces me pregunto si realmente importan
las razones por las cuales uno se entrega a algo de esa forma. Todos tienen su
historia y es muy valiosa de escuchar, pero lo que es realmente sensacional es
la dedicación que toman al hacer eso que aman.
¿Cuánto pueden ganar? ¿Cuánto pueden
perder? La satisfacción que uno siente al amar es incomparable, todos sentimos
de formas distintas y por eso cada uno ofrece lo que puede de sí. ¿Acaso se
podrá medir? No, eso no se puede medir, porque eso implicaría una comparación
con otros y, por fortuna, todos somos diferentes, ¡maravillosamente distintos!
¿Será entonces sólo la pasión? O, ¿habrá
algo más ahí?
Amor, eso es lo que hay ahí, un ferviente
amor que fractura paredes, rompe cielos y te eleva tan alto que a veces sientes
que no puedes respirar. Cierras los ojos, pues te asusta lo que tu amor te
llega a hacer sentir; sientes tanto miedo de que la caída duela que te
encapsulas para mantenerte a salvo. Te llegas a preguntar qué tan alto te llevó
ese sentimiento, qué tan arriba en el cielo puedes estar y cuánto tardarás en
caer. Aún no abres los ojos y sigues pensando en cómo será la caída. El vacío
es impresionante, aseguras, pues cuando te comienzas a calmar te das cuenta de
lo tranquilo de ese instante. Pones algo de atención a tu alrededor y alcanzas
a escuchar una voz. No sabes si es interna o externa, pero eso no importa, pues
en tus segundos más pacíficos, esa voz te dice que abras los ojos.
Al principio te cuesta trabajo procesar la
idea, pero poco a poco lo comienzas a hacer. El miedo se va y en ese momento te
das cuenta que tu amor te ha llevado tan lejos, tan alto. Tu amor te ha llevado
hasta las estrellas. Todo lo que has hecho, lo que has entregado, las horas de
dedicación y tus desvelos te han llevado hasta ese lugar. Ahora, sí, ahora
puedes saltar sobre las estrellas.
Llegar a las estrellas no es el límite,
pues comprendes que aún hay mucho más que alcanzar. Cada salto requiere
esfuerzo, el trabajo no termina, pero esa vista sólo es tuya.
Nuestro pasado es importante, lo que
hicimos, lo que vivimos, las cosas que nos motivaron y también todo lo que
sentimos. Pero el pasado sólo es una página ya escrita de nuestra vida. El
ahora, el hermoso hoy; lo que somos en este instante es lo que de verdad
importa.
Sólo por eso, sólo por ese goce pleno que
siempre hay que seguir buscando, vale la pena dar un poquito más.
«Especialmente dedicado a mis compañeros
del seminario».
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