Pepe
Ortiz.
“Cantadle
un cántico nuevo, cantadle con maestría. Cada uno se pregunta cómo
cantará a Dios. Cántale, pero hazlo bien. Él no admite un canto que ofenda sus
oídos. Cantad bien, hermanos. Si se te pide que cantes para agradar a alguien
entendido en música, no te atreverás a cantarle sin la debida preparación
musical, por temor a desagradarle, ya que él, como perito en la materia,
descubrirá unos defectos que pasarían desapercibidos a otro cualquiera. ¿Quién,
pues, se prestará a cantar con maestría para Dios, que sabe juzgar del cantor,
que sabe escuchar con oídos críticos? ¿Cuándo podrás prestarte a cantar con
tanto arte y maestría que en nada desagrades a unos oídos tan perfectos?”.
-San Agustín de Hipona.
Aunque esta frese dicha por San Agustín se refiera al
canto, también se pude aplicar a otras disciplinas, en especial a la actuación.
No importa la disciplina que uno escoja, siempre se ha de dar todo de uno mismo
para llegar a un objetivo y, lo que es más importante, hacerlo cada vez mejor;
creciendo no sólo en la técnica, sino también en sabiduría y en el carácter. Es
negativo quedarse en lo mismo porque, si eso sucediera, el juego perdería su
diversión y lo único que lograríamos sería amargarnos la vida, pues eso
–quedarse en lo mismo –indicaría que tal vez no estamos en el lugar correcto.
Pero cómo saber a dónde vamos si frente a nosotros hay un
enorme horizonte obscuro y lo único que sabemos de nosotros mismos es el lugar
donde actualmente estamos parados y que detras de nosotros están las
consecuencias de nuestras decisiones pasadas. Sin embargo, aunque el futuro es
siempre desconocido, podemos formularnos objetivos que vamos a ir alcanzando si
nos esforzamos; siguiendo la analogía, éstos objetivos se verían como pequeñas
luces que sobresalen por entre aquella obscuridad y que, a fin de cuentas, lo
más importante no es el hecho de llegar a alcanzar esos objetivos, sino el
esfuerzo que empleamos para llegar a ellos y lo que aprendimos en el proceso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario