Brandon Montor
Recuerdo
mucho una clase de actuación que tuve hace unos cuantos años. El maestro,
después de un ejercicio, explicaba que íbamos por buen camino. Pidió que imagináramos
un edificio de 10 pisos. En ese edificio nosotros estábamos en el piso 8, a
punto de llegar. Vaya que sí
íbamos bien, estábamos a nada de llegar al piso 10. Después agregó: Sí, están a
punto de llegar, sólo que cuando lleguen al piso 10 descubrirán que están
construyendo 10 pisos más que hay que escalar.
¿A
qué se refería con ésta metáfora? Siendo sincero no le di mucha importancia,
pero conforme pasó el tiempo fue cobrando sentido. Durante años olvidé mis ejercicios
de dicción y respiración; total, yo ya había pasado esas materias y nunca tuve
tantos problemas a la hora de estar en cabina. Dejé de lado algo básico para un
actor. También dejé de preocuparme por cultivarme como tal.
Un
par de años pasaron, yo había encontrado formas predeterminadas para hacer
sonar “creíble” lo que estaba diciendo. Sin darme cuenta, había reducido al
mínimo mi entrenamiento diario y quizá también mi esfuerzo, ¿qué podría pasar
si de una u otra manera en la escuela no me iba mal y lograba resultados, es
más, si ya tenía la autorización para trabajar y en algunas empresas empezaba a
hacer mis primeros trabajos?
Olvidé
lo básico y ese fue mi peor error; un actor debe trabajar diario en sí mismo,
si no quedará rezagado en lo que hace. De repente me empecé a dar cuenta que me
hacían repetir mucho las tomas, esto no era la escuela, ya era el mundo
laboral. No podía creer que por algo tan básico como la dicción nos tardáramos
de 5 a 6 tomas en un dialogo; luego vinieron los diálogos largos, los cuales no
podía terminar porque me faltaba aire. El aire me estaba deteniendo, algo que minimicé
tanto era lo que no me dejaba estar a la altura. Sumado a todo eso, era
evidente que desde hacía tiempo había dejado de actuar y sólo me dedicaba hacer
como que hacía, a fingir.
Después
de un fracaso grande fue cuando me di cuenta que algo debía cambiar, y decidí
que era tiempo de volver a reaprender un par de cosas. Volví a preocuparme por
seguir avanzando, a seguir estudiando y a disciplinarme un poco más. No les voy
a mentir, no he sido el más disciplinado del mundo, pero aprendí que si quieres
dedicarte a lo que sea en la vida, tu peor error es asumir que ya no tienes
nada que aprender.
Cuando
decidí seguir estudiando, descubrí que aún cuando tenía 6 años preparándome, aún
después de creer que “había llegado”, yo seguía en un piso 10 al cual alguna
vez me dijeron que llegué. Había dejado de mirar hacia otro lado y, al voltear
hacia arriba, me di cuenta que aún estaba en el suelo y que faltaba tanto por
escalar…
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