jueves, 4 de agosto de 2016

LA IMPORTANCIA DE LA DERROTA


Josué Joel Álvarez Hernández

Si trazáramos una línea entre la victoria y la derrota, y tuvieras que involucrarte en la necesidad de atravesar la línea hacia la derrota, actoralmente hablando (digamos que cometes un error de dicción, interpretación, acento, fluidez etc. etc.), esto es lo último que querrías, en teoría, porque eso te hace sentir mal y te hace peor que los demás.

Claro, asumiendo que no hiciste tus deberes, es algo muy lógico que suceda lo anterior, pero ¿qué tal si sucede después de esforzarte en ensayar o estudiar tu guión por horas y horas? Seguramente no estarás contento y eso conlleva varios intentos fallidos, varios errores más; temor a la derrota hasta un punto en el que ya no hay manera de recuperarse. Todo lo anterior, lleva a un bloqueo, y con eso llegas a pensar en que no importa cuánto te esfuerces, simplemente no lo lográs, así que pierdes el interés, eliminas la seriedad y no le das al trabajo el esfuerzo que merecen tanto el texto como tus compañeros.

El problema de esa mentalidad es que ha hecho que se ignore completamente la riqueza que hay en el terreno de perder. En sentido estricto es algo en lo que apenas se piensa estando a un cierto nivel actoral, pero si estas estudiando esta carrera sin estar plenamente consciente de que quieres entregarte a esta profesión, esa forma de pensar sólo entorpecerá el proceso y el desarrollo en individual y en equipo; sin embargo, si estás completamente entregado, tienes que pensar lo siguiente: no te estás entrenado para temer al fracaso. Te estás entrenado para superarlo.

El miedo al fracaso es un temor bastante común en todos; sin embargo, en particular en la carrera de actuación, es algo que debería ser casi nulo para quien se lo toma en serio, porque la derrota puede implicar más que sólo el hecho de que algo salió mal. Pase lo que pase, no hay marcha atrás, por lo que saber que, ocurra lo que ocurra, hay que seguir adelante es importante.

¿Y si te equivocas? Pues aguantas y sigues adelante; no vale tirarse al suelo y llorar, hay que continuar, porque esto nos hace cambiar nuestra perspectiva, nos hace reaccionar, nos hace mejorar como actores y como personas frente los obstáculos, y lo hace todo a través de la derrota. Dicen que se aprende más de los fracasos que de las victorias, y aunque hay que aprender a pelear por lo que se quiere en la vida, también es importante saber lidiar con tus errores y comprender que toda acción conlleva el riesgo de la derrota. Una vez asimilado eso, generas esta autoexigencia de superar los desafíos sin perder de vista lo principal, lo que está en juego.

Imagina que cada persona en tu equipo es un engranaje que se conecta con el resto para crear algo mayor en conjunto; si un engranaje no esta bien asegurado, lógicamente detiene el proceso de los demás y el fin para el que estaban articulados se frustra. Con todo esto no quiero decir que se deba ser todo un Tony Montana, lanzándose directamente hacia las balas; el punto de todo esto es asumir la existencia constante de la derrota, aceptarla y convertirla en un escalón para crecer. Sin embargo, eso sólo se puede conseguir si estás entregándote por completo a lo que estás haciendo. De lo contrario, la derrota te va a acabar.

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