Josué Joel Álvarez Hernández
Si
trazáramos una línea entre la victoria y la derrota, y tuvieras que
involucrarte en la necesidad de atravesar la línea hacia la derrota,
actoralmente hablando (digamos que cometes un error de dicción, interpretación,
acento, fluidez etc. etc.), esto es lo último que querrías, en teoría, porque
eso te hace sentir mal y te hace peor que los demás.
Claro,
asumiendo que no hiciste tus deberes, es algo muy lógico que suceda lo
anterior, pero ¿qué tal si sucede después de esforzarte en ensayar o estudiar
tu guión por horas y horas? Seguramente no estarás contento y eso conlleva
varios intentos fallidos, varios errores más; temor a la derrota hasta un punto
en el que ya no hay manera de recuperarse. Todo lo anterior, lleva a un
bloqueo, y con eso llegas a pensar en que no importa cuánto te esfuerces,
simplemente no lo lográs, así que pierdes el interés, eliminas la seriedad y no
le das al trabajo el esfuerzo que merecen tanto el texto como tus compañeros.
El
problema de esa mentalidad es que ha hecho que se ignore completamente la
riqueza que hay en el terreno de perder. En sentido estricto es algo en lo que
apenas se piensa estando a un cierto nivel actoral, pero si estas estudiando
esta carrera sin estar plenamente consciente de que quieres entregarte a esta
profesión, esa forma de pensar sólo entorpecerá el proceso y el desarrollo en
individual y en equipo; sin embargo, si estás completamente entregado, tienes
que pensar lo siguiente: no te estás entrenado para temer al fracaso. Te estás
entrenado para superarlo.
El
miedo al fracaso es un temor bastante común en todos; sin embargo, en
particular en la carrera de actuación, es algo que debería ser casi nulo para
quien se lo toma en serio, porque la derrota puede implicar más que sólo el
hecho de que algo salió mal. Pase lo que pase, no hay marcha atrás, por lo que
saber que, ocurra lo que ocurra, hay que seguir adelante es importante.
¿Y
si te equivocas? Pues aguantas y sigues adelante; no vale tirarse al suelo y
llorar, hay que continuar, porque esto nos hace cambiar nuestra perspectiva,
nos hace reaccionar, nos hace mejorar como actores y como personas frente los
obstáculos, y lo hace todo a través de la derrota. Dicen que se aprende más de
los fracasos que de las victorias, y aunque hay que aprender a pelear por lo
que se quiere en la vida, también es importante saber lidiar con tus errores y
comprender que toda acción conlleva el riesgo de la derrota. Una vez asimilado
eso, generas esta autoexigencia de superar los desafíos sin perder de vista lo
principal, lo que está en juego.
Imagina
que cada persona en tu equipo es un engranaje que se conecta con el resto para
crear algo mayor en conjunto; si un engranaje no esta bien asegurado,
lógicamente detiene el proceso de los demás y el fin para el que estaban
articulados se frustra. Con todo esto no quiero decir que se deba ser todo un
Tony Montana, lanzándose directamente hacia las balas; el punto de todo esto es
asumir la existencia constante de la derrota, aceptarla y convertirla en un
escalón para crecer. Sin embargo, eso sólo se puede conseguir si estás
entregándote por completo a lo que estás haciendo. De lo contrario, la derrota
te va a acabar.
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