jueves, 4 de agosto de 2016

Editorial


Aureliano Castillo León

En el Seminario de ArtStudio nos cualquier cosa es buen pretexto para hablar. Cada cierto tiempo, llevamos a cabo lo que llamamos Sesiones Colegiadas, en las que –en vez de trabajar de manera práctica –nos sentamos a discutir sobre nuestros intereses, inquietudes y preocupaciones, y a plantear posibilidades que propongan alternativas a nuestro modo de entender el trabajo del actor, sus dificultades, retos y lecciones.

El pasado sábado 25 de junio, llevamos a cabo una de estas Sesiones Colegiadas, discutiendo y planteando cada quien su visión sobre lo que vivimos como estudiantes de actuación y las salidas que podemos generar ante las problemáticas de diversas índoles que cada uno detecta desde su propia experiencia. Lo más relevante de tal sesión –aquello que me ha impulsado a escribir esta bienvenida al tercer número de la revista acerca de ello –es que para todos el punto más importante es el compromiso.

No sólo me refiero al compromiso que es vital tener en esta carrera, mismo del que han hablado varios de los integrantes del seminario en sus textos, sino también al compromiso personal con la formación propia. Si yo no estoy comprometido con mi propia formación y lo que demanda de mí, no podré jamás comprometerme con mis compañeros de escena, con mis proyectos, ni mucho menos con la disciplina que necesito adquirir para llevar a cabo cualquier oficio, cualquier técnica o cualquier arte.

Dicho lo anterior, me gustaría invitarte a una reflexión: ¿qué tanto estás comprometido contigo mismo?

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