Aureliano Castillo León
En el Seminario de ArtStudio nos cualquier
cosa es buen pretexto para hablar. Cada cierto tiempo, llevamos a cabo lo que
llamamos Sesiones Colegiadas, en las que –en vez de trabajar de manera práctica
–nos sentamos a discutir sobre nuestros intereses, inquietudes y
preocupaciones, y a plantear posibilidades que propongan alternativas a nuestro
modo de entender el trabajo del actor, sus dificultades, retos y lecciones.
El pasado sábado 25 de junio, llevamos a cabo
una de estas Sesiones Colegiadas, discutiendo y planteando cada quien su visión
sobre lo que vivimos como estudiantes de actuación y las salidas que podemos
generar ante las problemáticas de diversas índoles que cada uno detecta desde
su propia experiencia. Lo más relevante de tal sesión –aquello que me ha
impulsado a escribir esta bienvenida al tercer número de la revista acerca de
ello –es que para todos el punto más importante es el compromiso.
No sólo me refiero al compromiso que es vital
tener en esta carrera, mismo del que han hablado varios de los integrantes del
seminario en sus textos, sino también al compromiso personal con la formación
propia. Si yo no estoy comprometido con mi propia formación y lo que demanda de
mí, no podré jamás comprometerme con mis compañeros de escena, con mis proyectos,
ni mucho menos con la disciplina que necesito adquirir para llevar a cabo
cualquier oficio, cualquier técnica o cualquier arte.
Dicho lo anterior, me gustaría invitarte a
una reflexión: ¿qué tanto estás comprometido contigo mismo?
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