miércoles, 3 de agosto de 2016

Actuar se trata del Otro


Susana Cortés Hernández

Desde mi integración al grupo del seminario ha sido una constante reiteración de un aspecto que relativamente tenía presente en mi preparación como actriz de doblaje: “la actuación se trata del otro”. No con esas palabras, pero sí una idea parecida había vagado sin rumbo fijo en mi cabeza, lo tomaba en consideración... Al principio, esta idea la vinculaba con un trabajo en equipo, estar en el aquí y el ahora, consciente y atenta de mis compañeros durante las sesiones de improvisación; añadir comentarios, observaciones, etc., en pocas palabras una retroalimentación; pero ¿qué sucedía conmigo realmente durante la improvisación? 
Además de poner atención a mis compañeros, a lo que estuvieran actuando en escena, me sumergía en una introspección acerca de hacía dónde tenía que encaminar “mi” personaje, cómo llevarlo al otro extremo para poder cerrar la línea situacional del mismo; y, ¿qué pasó realmente?, creí haber puesto atención en el otro cuando no fue así, y de hacerlo era por una lucha de quién tenía la verdad sobre lo que hacía o decía en la improvisación, con tal de cumplir con el objetivo que se me asignaba, ya fuera que yo me quedara o conseguir que el otro se fuera. Eso sí, en cuanto notaba que mi compañero ya había cumplido su objetivo, no lo contradecía para no romper la estructura lógica que se había hecho.
Hace algunos años formé parte del coro de la facultad de Filosofía y Letras de la unam, nuestro director nos invitó a que tomáramos un curso de dirección coral. Nosotros, los coralistas, éramos el instrumento de trabajo de los directores.
Lo interesante era ver al director que impartía el curso, dirigiendo a cada uno de los coros que habíamos asistido, dirigía un coro por canción, lo increíble fue que obtuvo el mismo nivel excelente de resultados en cuanto a empaste, ritmo, afinación e interpretación; cuando entre coros ya sabíamos los defectos y virtudes que cada grupo coral tenía.
Lo que ocurrió con esa demostración fue que mucha de la responsabilidad recae en el director, desde cómo se planta en el escenario, la energía que maneja, el marcaje del ritmo, el modo de pedir al coro algo referente a la técnica vocal, etc.
Conté ésta experiencia porque creo que es un ejemplo de la responsabilidad como individuo de generar estímulos a quien está contigo en escena. Sí un director se ensimismara en lo bueno que es él, el lugar en el que está o si estuviera disperso en otros pensamientos ajenos, simplemente no estimularía a su coro a desempeñar una buena presentación o a alcanzar los objetivos que el mismo director persigue.
Decir que la actuación se trata del otro, es un acto de reciprocidad, de voto de confianza y de generar constantemente estímulos en escena para ganar juntos. Parte del dar es recibir… y responder.

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