Josué Álvarez Hernández
Si hay algo de lo que estoy seguro, es de eso: no
hay un código, o un truco, o algún manual, que pueda enseñar a actuar. Por supuesto
que existen libros que ayudan a formar actores, técnicas que forman actores,
escuelas que forman actores, actores que forman actores; al decir que no existe
una fórmula para actuar, no me refiero a que ese conocimiento que se ha
juntando generación tras generación no pueda ser transferido, que no sirva o
que no exista una manera eficaz de aprenderlo. No, por supuesto que no. A lo
que me refiero es a que no hay una manera, no al menos una que pueda funcionar
con absolutamente todos.
He observado con mucha fascinación a través de estos
años cómo es que cada ser actoral tiene su propia manera de crear emociones,
acciones, gestos, situaciones y demás maravillosos elementos; una manera que
deja impregnada su huella única en ese momento que esta capturando con su
representación. He observado cómo alguien tiene una tristeza distinta a la de
los demás, o cómo es que su gesto de felicidad se parece a su gesto de pánico,
porque cada ser tiene unos elementos únicos en sí mismo para poder emanar esas
cualidades; cada uno es capaz de
semejantes maravillas porque ya están en él.
No existe una fórmula para actuar porque en cada
ser actoral es diferente, porque el miedo mezclado con la alegría que sintió alguien
la primera vez que se paro en un escenario, no es igual a la alegría aunada al miedo de alguien que acaba de casarse.
Cuando se va representar el papel de un personaje que debe estar feliz, en
ambos casos el personaje –aunque sea el mismo –usó un método diferente para
poder manifestarse. Es por eso que cada actor tiene una única manera de lograr
que sus emociones se manifiesten, ya sea estén en frasquitos, palancas, paletas
de colores, botones u otras formas. Por eso no existe una fórmula, porque cada quien es la suya propia, y
eso ha dejado en mí una marca que denota una gran mejoría actoralmente: cosas
que no sabía que me fallaban o algunas que empezaban a fallar, logré
corregirlas a tiempo antes de que se convirtieran en un impedimento para el
desarrollo de mi trabajo.
Debo admitir que desde mi primera clase en el Seminario
de Expresión, donde vimos la creación de un personaje, estaba muy expectante y escéptico al
respecto. A pesar de ser una persona sumamente terca, había algo que me decía sigue adelante, y aunque sabía que no
debía ignorarlo, mi instinto la desidia y la flojera hicieron que empezara a
faltar al Seminario constantemente, o que asistiera de manera irregular, hasta que cierta clase me cautivo completamente
y pensé: esto es realmente
extraordinario. El tema de aquella clase fue exogénesis y endogénesis. Yo creo
fervientemente que es una de las
herramientas mas importantes que puede tener un actor para poder crear
exitosamente y coherentemente a un
personaje.
La exogénesis consiste en crear un personaje
mirándonos a nosotros mismos desde una perspectiva externa, y exteriorizar cómo
afecta esa exterioridad a la psicología del personaje que se crea; ya sea
porque nuestro personaje esta herido, enfermo, cojo, viejo, tuerto, o por cómo
se encuentra vestido (con una gabardina, un traje, o un uniforme de policía),
todo eso hace que el entorno que lo rodea lo perciba de manera completamente
distinta y, de tal modo, también el personaje provoca estímulo completamente
distinto.
Por supuesto que, para logar una caracterización ideal,
pensamos en cómo es que el aspecto exterior del personaje que ya se trabajó en
la exogénesis le da una psicología y características internas únicas (endogénesis);
si a nuestro personaje le faltase una
mano, o si tuviera un parche en el ojo, llevara puesto un uniforme militar y sostuviera
una botella de wiskey, podríamos decir que es un soldado retirado furioso con
la vida por sus heridas en batalla. Nuestro personaje no percibe correctamente el entorno, así que se tambalea, choca con todo, a veces se cae, lanza
maldiciones, se encorva, respira
con dificultad, esta sucio, apesta
a licor, etc. Ahora, si a ese mismo personaje le quitáramos la botella y le
añadiéramos unas medallas prendidas en el uniforme, ese veterano se convertiría en un hombre orgulloso que camina
erguido por haber cumplido su deber correctamente, a pesar de sus herias; quizás trae puesta una prótesis en el
brazo para verse mas formal y tiene un ojo de vidrio para poder dar una buena
imagen. Si tiene alguna dolencia la oculta, así que cada vez que camina trastabilla un poco…
Eso y más se le puede dar a un personaje,
analizándolo desde lo mas sencillo hastaa lo mas complejo; no es mas que
exogénesis y endogénesis lo que permite identificar qué hace que ese personaje sea ese personaje.
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