Giovanni
Hernández.
En
el mundo del teatro es algo complicado atraer la atención del público a un solo
punto fijo, y tú me dirás, ¿cómo podemos hacerlo de manera rápida, sencilla y
eficaz? Usando el foco, obviamente.
No,
este término no es para tramoyistas o especialistas de luces; tampoco necesitas
literalmente usar un foco para atraer la atención, el actor sólo necesita hacer
esto: mirar a donde quiere que el público mire. Sí, así de sencillo. El foco es
utilizado mayormente en comedia, para utilizar el slapstick (o comedia física),
como en el siguiente ejemplo (que me quedó muy marcado en el seminario).
Imaginen esta escena: Una barbería. Hay una silla en el centro, y dos personas
esperando ser atendidas. La primer persona se sienta en la silla a esperar su
turno, mientras que la segunda se le queda viendo con molestia. Ahora bien,
¿qué podría cambiar en esta escena para hacer un slapstick? ¡El foco! La
segunda persona analiza la silla y se da cuenta que tiene una pata rota, la
mira, mira hacia el público con complicidad y patea la pata de la silla,
rompiéndola y, ¡oh!, divino slapstick.
El
hecho de que el foco se utilice más en comedia no significa que esté peleado
con otros géneros. Las posibilidades del foco son infinitas. Puede dar un acento
más trágico o aumentar la importancia a una escena de cualquier otro género
(como en La Gaviota, de Ánton Chéjov, en cuyo segundo acto todos los personajes
voltean a ver a la gaviota muerta al mismo tiempo).
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