jueves, 4 de mayo de 2017

Nosotros, los peores jueces de nosotros mismos

Pepe Ortiz Lara

Existe una frase utilizada mucho cuando alguien hace una acción reprobable (o buena): “fe en la humanidad perdida (o restaurada)”. Esta frase me parece molesta, ya que es una frase llena de soberbia; una frase hecha por personas que creen que la prosperidad de nuestra especie depende de lo que lleguen a hacer otros humanos o ¿es que acaso esas personas que desean “tener fe” en la humanidad se olvidan de que también son parte de la misma humanidad que ellos juzgan?

Desde un punto de vista individual, nosotros vemos un mundo que gira alrededor de nosotros; tal vez por ello nos sentimos con el derecho de juzgar los errores de los demás, que por qué tal jugador no metió el gol, o tal presidente se equivocó al hablar, o tal atleta no ganó una medalla o está gorda, etcétera.

“¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?”
                                                    -Mateo, 7

Una vez alguien me dijo que lo que criticamos de los demás es lo que criticamos de nosotros mismos, que en los otros reflejamos nuestras propias carencias y que en realidad nos gustaría ser aquel que criticamos, y reflejamos todo esto con la frase “yo lo haría mejor”.


Lo que es verdad es que hay que estar en los zapatos de aquellos que luchan por lograr un objetivo, y que antes de juzgar debemos comprender lo que ellos tuvieron que pasar para llegar hasta donde están.

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