jueves, 4 de agosto de 2016

Contemplar el rayo (Un ejercicio para meditar y poner en practica la contemplación)


José Lembo

Imagina esto: estás viendo por la ventana, afuera se encuentra una tormenta. La lluvia cae incesante, el viento sopla de forma colérica y por instantes se detiene, como si buscara agarrar fuerzas para arremeter una vez mas. De pronto, el cielo se ilumina, alcanzas a observar los delgados trazos de luz mientras bajan de las nubes, buscando desesperadamente algo a que aferrarse, tan lejos en el cielo y a la vez tan cerca del suelo; tan letales como hermosos, capaces de despertar los instintos mas básicos de supervivencia dentro del hombre mas avanzado. Sin embargo, toda esa luz, toda esa fuerza, todo ese espectro acechante es mudo, como un fantasma; se muestra y desaparece sin ofrecer aún sonido alguno. Es en ese momento en donde el tiempo comienza a avanzar lentamente; tus ojos observan el vacío que ocupó ese destello de luz, el viento toma un momento solemne y desaparece, la lluvia parece caer lentamente, como si tuviera cuidado de no distraerte. Respiras profundamente y esperas pacientemente mientras contemplas la nada. Tus músculos se relajan, tu mente se acalla: tú eres parte de esa nada que fue ocupada por luz hace un momento. Estás en paz absoluta; de pronto, poco a poco, comienzas a escuchar un murmullo dentro de tus oídos, como el sonido de la tierra en movimiento, como tambores lejanos… conforme avanza ese sonido, se aleja de tu interior y se expande hacia fuera; escuchas como el aire comienza a resquebrajarse, como si una tela se comenzara a rasgar lentamente. Los tambores inundan el vacío, tanto afuera como dentro de ti: sientes la vibración tocando todo tu cuerpo, tu ropa, la ventana, las paredes, el suelo, la calle, los edificios, incluso a las demás personas que se encuentran en sus casas y en la calle. El relámpago ha pronunciado sus palabras y tú lo has escuchado atentamente.

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