Marisol
Valdez Hamed
Como seres humanos,
tenemos la inquietud de conocernos; como actores, esta necesidad debe ser la prioridad
principal. No se puede pretender entender a un personaje si no somos capaces de
hacer un análisis de la mente a la que tenemos el acceso más profundo: la
propia. Desgraciadamente, por la naturaleza humana y el entorno en el que nos
hemos formado, con el pasar de los años nos hemos encargado de forjar una
coraza tras la cual escudarnos con el propósito de no ser dañados, por los
demás y, especialmente, por nosotros mismos.
En lugar de adoptar la
postura de guerrero que se enfrenta y destruye la amenaza inminente, preferimos
la cobarde decisión de aprisionar el miedo, de encerrarlo en lo más hondo de
nuestra memoria, creando la falsa ilusión de que así lo sometemos, que no
tendrá manera de escapar, que terminará de morir por el aislamiento, siendo que
eso realmente lo alimenta, al punto de ser suficientemente fuerte para
dominarnos, para comernos desde adentro.
Para ser actor, se
necesita iniciar con un proceso de aceptación de uno mismo, hacer un
reconocimiento de las deficiencias, las fortalezas, aprender qué nos mueve y
qué nos detiene, qué puntos hay que tocar para estimular las sensaciones más
placenteras y las más repugnantes. Hay que despojarse de los prejuicios de
cualquier tipo, que impiden abrir los sentidos para percibir el mundo. Si no
somos capaces de mirar hacia el interior, difícilmente ese velo desaparecerá
cuando intentemos ver que hay en los otros.
Por supuesto, esto no
se trata de volvernos santos, ni de mutar a la fuerza nuestra personalidad para
convertirnos en “seres perfectos”; al contrario, el punto es hacer que el verdadero
yo emerja, sin tapujos ni reservas.
Cuando estamos
preocupados por ocultar quiénes somos, ocupamos nuestra mente y energía en
mantener esa máscara y presentarla ante todos como si fuera nuestra cara; el
problema es que, al llevarla puesta, no hay suficiente espacio para poner
encima la máscara del personaje, y eventualmente alguna de las dos máscaras terminará
mostrando los hilos que la sostienen. Después de todo, no se puede buscar ser
un personaje, cuando ya se es otro personaje.

No hay comentarios:
Publicar un comentario