jueves, 4 de agosto de 2016

La asfixiante máscara del actor


Marisol Valdez Hamed

Como seres humanos, tenemos la inquietud de conocernos; como actores, esta necesidad debe ser la prioridad principal. No se puede pretender entender a un personaje si no somos capaces de hacer un análisis de la mente a la que tenemos el acceso más profundo: la propia. Desgraciadamente, por la naturaleza humana y el entorno en el que nos hemos formado, con el pasar de los años nos hemos encargado de forjar una coraza tras la cual escudarnos con el propósito de no ser dañados, por los demás y, especialmente, por nosotros mismos.

En lugar de adoptar la postura de guerrero que se enfrenta y destruye la amenaza inminente, preferimos la cobarde decisión de aprisionar el miedo, de encerrarlo en lo más hondo de nuestra memoria, creando la falsa ilusión de que así lo sometemos, que no tendrá manera de escapar, que terminará de morir por el aislamiento, siendo que eso realmente lo alimenta, al punto de ser suficientemente fuerte para dominarnos, para comernos desde adentro.

Para ser actor, se necesita iniciar con un proceso de aceptación de uno mismo, hacer un reconocimiento de las deficiencias, las fortalezas, aprender qué nos mueve y qué nos detiene, qué puntos hay que tocar para estimular las sensaciones más placenteras y las más repugnantes. Hay que despojarse de los prejuicios de cualquier tipo, que impiden abrir los sentidos para percibir el mundo. Si no somos capaces de mirar hacia el interior, difícilmente ese velo desaparecerá cuando intentemos ver que hay en los otros.
Por supuesto, esto no se trata de volvernos santos, ni de mutar a la fuerza nuestra personalidad para convertirnos en “seres perfectos”; al contrario, el punto es hacer que el verdadero yo emerja, sin tapujos ni reservas.

Cuando estamos preocupados por ocultar quiénes somos, ocupamos nuestra mente y energía en mantener esa máscara y presentarla ante todos como si fuera nuestra cara; el problema es que, al llevarla puesta, no hay suficiente espacio para poner encima la máscara del personaje, y eventualmente alguna de las dos máscaras terminará mostrando los hilos que la sostienen. Después de todo, no se puede buscar ser un personaje, cuando ya se es otro personaje.




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