jueves, 4 de mayo de 2017

El riesgo, las oportunidades, las decisiones y la línea.


Der Carlos Nava Ortiz.


¡Oh vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza! Vi escritas estas palabras con caracteres negros en el dintel de una puerta, por lo cual exclamé:
—Maestro, el sentido de estas palabras me causa pena.
Y él, como hombre lleno de prudencia me contestó:
—Conviene abandonar aquí todo temor, conviene que aquí termine toda cobardía. […]

—Dante Alighieri en
la divina comedia

I.
¿Qué implica el estar vivo? ¿Cuál es el contenido de la vida? ¿Cómo puede uno explicar la vida y desde qué posición lo hace? ¿Por qué hacerlo? ¿Qué ganamos haciendo preguntas? y ¿Por qué tratamos de darles respuestas?
Creamos, escribimos, pensamos, soñamos, nos ilusionamos e imaginamos. Sentir, vivir, morir, crecer, perder y ganar, todo bajo el mismo cuerpo, bajo la misma consciencia. Cada paso que damos, por cada respiro que hacemos, cada instante que guardamos y atesoramos, así como también cada dolor del cual nos enganchamos. Eso somos o, ¿seremos algo más? ¿Algo que se escribe bajo la piel?
Querer, poder, deber y necesitar. Sin darnos cuenta, a veces mezclamos esas palabras y no reconocemos lo que estamos realmente diciendo; lo que estamos “siendo”. Eso se esconde en nuestras acciones, en las decisiones que tomamos. Querer, a veces, no es poder. Deber, a veces, ni siquiera es querer. En otras ocasiones, querer es necesitar y necesitar, a veces, no es poder. Se inscriben en lo más profundo de nuestro ser, en nuestra alma. Somos como el mar, donde nuestra esencia está en lo más profundo y oscuro de la zona hadal. Algunos rasgos llegan a flotar a zonas más altas y otras pueden incluso llegar a la superficie, pero con esto hay que comprender que incluso para nosotros mismos somos un misterio, uno que a veces no queremos resolver; uno que nos puede llegar a asustar pero que tenemos que afrontar. Comenzar a mirar sin miedo, sin la venda que nos hemos puesto en los ojos.
Hacemos preguntas, algunas no queremos responderlas, pero necesitamos hacerlo. Otras, debemos responderlas y queremos hacerlo, pero a veces no podemos. La honestidad no es un camino de un solo sentido y tampoco es una vía con un único destino. La sinceridad también debe volcarse hacia nosotros mismos. ¿Cuántos contenidos puede tener la vida? ¿Cuántos de esos contenidos podemos ver? Tenemos un trabajo y es rascar, taladrar, perforar y penetrar la superficie. Comprender las razones por las cuales escribimos en nuestra sangre las palabras: deber, querer, poder y necesitar. Ese trabajo es nuestro, es una “chamba” de la vida. Una de la que no podemos deshacernos, no al menos mientras estemos vivos, y no muertos. No sólo me refiero a una muerte física, también me refiero a una muerte interna. Esa muerte que muchos han llegado a ver en los ojos de otra persona. Un cuerpo que sigue caminando pese a estar vacío por dentro, cascarones que tienen una enorme masa y siguen funcionando como autómatas.
No es difícil encontrar estos seres. Renunciaron, abandonaron, se les arrebato, y cada uno lo hizo por sus propias razones. Ni siquiera ellos son conscientes de ese evento. Ese suceso llegó, cambió todo y los marcó de tal forma que en sus ojos es visible el helado invierno de la muerte. Sin calor, sin alma, funcionando como cualquier otro ser en la superficie de este mundo. Camina, corre, se mueve, respira…, pero ya no hay nada. Sus acciones pierden sentido, no tienen ningún significado. Elaboran lo que saben hacer y continúan repitiendo la formula, pues es la que los hace parecer vivos.
Muertos caminando entre los vivos. Ahora la pregunta puede ser: ¿Cómo saber en qué grupo nos podemos encontrar? Los caminantes no tienen consciencia de serlo. Funcionan, a veces innovan, pero en lo profundo mantienen la repetición de sus acciones; una y otra vez. Verse en el espejo no siempre es suficiente, hay que ir más allá. No lo negaré, el espejo ayuda bastante, pero sólo mostrará esos trozos de esencia que se encuentran en la superficie. Tampoco sirve preguntar, porque si para nosotros somos un misterio, para otras personas somos todo un enigma.
¿Qué eres? ¿De qué estás hecho? ¿Por qué te mueves? ¿Qué te hace funcionar? ¿Por qué vives? ¿Acaso sientes? ¿Eres títere o titiritero? ¿Hay hilos en tus extremidades o funcionas con baterías? ¿Usas tus manos o un control? ¿Portas una máscara o usas maquillaje? ¿Por lo menos eres real? ¿Qué te lo confirma? ¿Qué te hace vivir? ¿Cuentas las horas o los segundos? ¿Desde dónde ves el mundo? ¿¡QUÉ ERES!? ¿¡QUÍEN ERES!?
La respuesta siempre se transforma; se vuelve una paradoja entre lo que es y lo que no es. Te desafía y te pone a prueba. Mentirás cuanto te dé la gana, podrás incluso engañar al mundo, pero recuerda que ese mundo es sólo una construcción que tú has hecho. Entonces nos preguntamos aquí ¿qué es real si tú moldeaste ese mundo? ¿Dónde está el engaño? ¿Aún sigues siendo el mentiroso que creías? ¿Cuál es entonces la verdad? La verdad es: sé que en este momento muchos se habrán dado cuenta de que he complejizado bastante la frase Sólo te engañas a ti mismo.
La honestidad no es un camino de una sola dirección y tampoco una vía con un solo destino. Perdemos demasiado tiempo engañándonos, fingiendo, mintiendo. Querer llegar a profundidad engañándonos, es como si buceáramos sin visor. Llegar fingiendo, como si no portáramos un tanque de oxigeno. Sin el equipo correcto, no llegaremos a ningún lado.
Antes de proseguir quiero dejar claro que no se trata tampoco de llagar a la zona hodal de nuestro ser; es más, considero que eso es imposible. Lo que estoy diciendo es que con honestidad podremos llegar a conocernos mejor. De esa forma perderemos un poco del miedo que tenemos al realizar algo.
También, la honestidad nos ayudará a ver si somos vivos o caminantes. Hacernos conscientes, porque los caminantes pueden regresar a ser vivos. Pueden comenzar a moverse con voluntad, con determinación. Romper los hilos, y verter en esos cascarones esencia. Inyectar en los ojos color y vida. Podremos comprender que es lo que decimos y somos al realizar acciones. Romper la venda en nuestros ojos y llenar de significado nuestras palabras. Marcar en nuestra piel los sentidos del poder, querer, necesitar y deber.
Las posibilidades podrán estar en la palma de nuestra mano y la vida tendrá un valor, un significado. Le daremos un contenido a nuestra vida y, por lo tanto, tendremos una percepción de ella.

II.
“Las posibilidades en la palma de nuestra mano”. Creo que me he adelantado un poco con esa frase. Ser honestos con nosotros nos abre las puertas para comenzar a tomar esas posibilidades y eso mismo implica tomar decisiones.
La vida es una decisión. Si estás leyendo esto es porque has tomado una decisión. Cada acción que realizamos está construida a partir de las decisiones que tomamos.
No soy de las personas que creen en el destino. Lo menciono porque quien crea en él debe comprender que estoy escribiendo esto sin valorar la posibilidad de que exista tal cosa. No doy fe de que exista un futuro escrito en piedra. Por lo tanto, dejando eso en claro, quiero que tú, lector, comprendas que en tus manos está tú futuro. Tú eres quien tiene que tomar las decisiones para llegar a aquello que anhelas. Tú tienes que tomar la decisión para alejarte de aquello que te daña, de lo que te lastima. Tienes que tomar la decisión de moverte o quedarte quieto. Asume la responsabilidad de tus acciones.
Quiero hacer hincapié en esa frase: “asume la responsabilidad de tus acciones”. El control es una ilusión, no todo es responsabilidad nuestra y, por ende, no podemos controlarlo todo.
Por esta razón me gusta el dialogo del maestro Oogwey con Shifu de la película Kun Fu Panda:
—Mira este árbol Shifu. No puedo hacer que florezca cuando me place, ni hacer que dé frutos antes de temporada.
—Pero hay cosas que podemos controlar. — Shifu patea el árbol, lo que provoca que la fruta caiga. — Controlo cuando caiga la fruta. — Un durazno cae sobre su cabeza. — Y controlo… — Toma un durazno, lo parte a la mitad en el aire. — Donde plantar la semilla. — hace un agujero en la tierra con la mano y arroja la semilla dentro. — Esa no es una ilusión maestro.
—Ah…, sí. Pero, no importa lo que hagas, esa semilla se convertirá en un durazno. Podrás desear un manzano o un naranjo pero tendrás un durazno.
Nuestras decisiones nos llevaran a distintos caminos. Lo que vaya sucediendo durante éstos no es algo que podamos calcular. Podemos suponer, pero ni remotamente controlar.
La puerta se abre, las posibilidades están ahí, “las oportunidades” ¡están ahí! Es nuestra decisión tomarlas o no. Una vez que lo hagamos, tenemos que ser responsables de ellas.
“La vida es una apuesta. Cada oportunidad es una moneda para apostar. Puedes jugártela o no, el problema es que esa moneda no la puedes guardar. Si la usas…, te arriesgas tanto a ganar como a perder. Si no la usas, aunque la quieras guardar en tus bolcillos, se desvanecerá”.
Decisiones, a veces simples: qué color de ropa usar. A veces muy difíciles: Dejar morir a un ser amado.
Decisiones: Actuar o no hacerlo.


III.
Hasta ahora hemos hablado sobre la vida, la honestidad, el conocernos, las decisiones y otras cosas que se pueden rescatar en la interpretación de cada lector.
También hemos acariciado el tema de las responsabilidades y el de las motivaciones. Vale la pena reflexionar en eso puesto que: “nada es gratis”. Muchas cosas nos pueden apasionar y, cuando nos dedicamos a una completamente, también puede llevarnos a asumir responsabilidades.
Una vez hecho este repaso muy general, y demasiado sintético, es momento de hablar de algo que se encuentra en el título de este texto. El riesgo.
En realidad ya lo he desarrollado durante todo lo escrito. Lo he hecho de forma disimulada (lo mejor que he podido) porque me gustaría que cada quien lo interprete como mejor le parezca.
Entonces, ¿por qué dar la clave si te has esforzado tanto en disimularlo?
Porque me gustaría también que este texto sirviera como una reflexión más completa. Encriptar las cosas no siempre es una buena respuesta. Directo y simple = Eficiente. (Ocupo esta “formula” un poco distinto de cómo la hemos tratado en el seminario).
No soy la persona más directa, y sé que complejizo las cosas bastante, pero eso me ayuda a invitar a otros a cuestionarme. A que me reten con sus propios razonamientos. Que se expresen y encuentren sus propios sentidos.
¿¡Por qué das la clave!?
Porque no es una clave. No hay formulas mágicas, no hay un único método.
Cada decisión implica un riesgo, uno de ganar, uno de perder. De acercarse o alejarse. A veces, vale la pena asumir el riesgo, otras no. Cada uno de nosotros le damos un peso distinto. Cada decisión, hacer o no hacer nada, implica sus propios riesgos.
“Estar sentado en una silla en medio del escenario sin decir nada, también es acción”.
-Konstantin Stanislavsky
Cada cosa que hacemos, cada acción y cada decisión es un riesgo. Y todos los días, con cada ciclo, los afrontamos; algunos nos dan más miedo que otros. He comprendido que ese miedo no se va. Esa ansiedad o nervios, siguen ahí, sólo que aprendemos a vivir con ellos y los ocupamos de mejor forma. Nos concentramos en nuestros objetivos y podemos seguir caminando hacia delante a pesar de que la guerra estalle a nuestro alrededor.

IV.
“Es nuestro trabajo”. Es nuestro trabajo conocernos, ser honestos con nosotros mismos, asumir la responsabilidad de nuestras acciones y claro está, asumir riesgos.
La línea…, ¿cuál podría ser? ¿A qué me refiero cuando digo ‘la línea’?
La línea entre la terquedad y la persistencia. Tal vez estoy comenzando a hablar de un tema filoso, un tema que puede comenzar a cortar la piel y exponer la carne roja y el hueso manchado de sangre. Cortadas que exponen nuestra materia como pequeñas bolitas blancas que componen el músculo. Entre rojo oscuro y carne molida cerca de la cortada, junto con unos puntos negros de la sangre coagulándose.
A veces me pregunto cómo diferenciar entre la terquedad y la perseverancia. Hay noches en las cuales no puedo dormir pensando en esas dos ideas. ¿Cómo podría marcar esa línea entre una y otra? En los éxitos, se subraya la perseverancia; en los llamados “fracasos”, se remarca la terquedad. Lo hacemos nosotros, lo hacen otros, nos señalan una u otra a partir de lo que ellos creen, a partir de lo que nosotros creemos.
“Llamados fracasos”. No es curioso que nos digan que no hay que temerle al fracaso ¿Por qué será? Me pregunto qué pasaría si, en vez de ver algo como fracaso, lo vemos como una oportunidad para aprender ¿Qué tal si comenzamos a ver nuestros errores como aprendizajes? ¿Seguiría siendo tan malo?
Hay muchas oportunidades para muchas cosas. Para crecer, imaginar, pensar, aprender, correr y muchas, muchas más. Cuando parezca que no hay oportunidad de hacer algo que deseamos, hay que crear. Hacer posible que exista. Tomar las cosas en nuestras manos y buscar un sitio para crear la oportunidad. No es solo buscarla, es hacerla posible.
¿Cómo poder ver la línea? No lo sé; lo que a mí me ha funcionado es comenzar a conocerme. Comencé a ser sincero conmigo, no sólo a rascar la superficie. Me ha ayudado ser responsable y valorar las oportunidades. Comprender que hay riesgos ha aumentado mi visión y he probado mi valía ante tales riesgos.
Actuar es un riesgo. Uno que nos hace enfrentarnos a nosotros mismos. Uno que implica tocar y ser tocado, exponerse y ser visto, así como también interiorizar, contemplar, percibir y ver.
Actuar requiere conocerse y tener un motivo, un objetivo. Te pide que seas honesto y respondas con verdad a tus compañeros. También que seas capaz y estés dispuesto a enfrentar desafíos. Te pide que sigas soñando, que sigas creyendo. Que te ilusiones, crezcas y que vivas, pues te coloca en vida de muchos otros seres.
Actuar te pide que te entregues. Que ames mucho, y que sientas demasiado. Actuar cuesta, pues también requiere que comiences a seguir tu luz concentrado, olvidando la guerra que se libra a tu alrededor.
Actuar es encender o no la luz del escenario. Luchar y sufrir, así como disfrutar y sentir. Ver y ser visto.

Por lo tanto, sólo queda decir: ¡Oh vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza! Pues para llegar al cielo, hay que cruzar el infierno.

No hay comentarios:

Publicar un comentario